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Revisión del 10
Según el profeta, Dios gobierna el mundo a través del Número, el Peso y
la Medida.
Conocer el significado trascendental de los números es conocer ciertas
claves de nuestro propio destino que está matemáticamente prefigurado;
sólo así podremos trascender conscientemente la Ley del Karma y
salirnos de la rueda del Samsara por el sendero probatorio hasta llegar
a unirnos con nuestro Real Ser.
Lo primero que tenemos que hacer es analizar de donde venimos, para
averiguar donde estamos y para poder orientarnos hacia donde vamos.
Por ello, antes de estudiar la influencia cabalística y numerológica de
este año 2009, hemos de recapitular y hacer un resumen retrospectivo
del año que ha pasado, el 2008. Si lo repasamos, rápidamente, podremos
comprobar las características que ha tenido el año pasado, que sumaba
10.
Se dice que el número 10 es la base, el reino, y la persona que observa
los mandatos de este Arcano, ve el retornar de todas las cosas. Si el
estudiante sabe obedecer, ve el retornar de todas las cosas, se eleva a
la iluminación y puede ver el flujo y reflujo de todas las cosas. La
clave está en saber situarse en el Centro del Círculo alrededor del
cual todo pasa.
¿Hemos observado que las influencias mencionadas, reveladas en el
Arcano 10, se han puesto de relieve en el año pasado? ¿Las hemos
superado o nos han arrastrado? Esta revisión nos dará una pista de como
nos encontramos para poder aprovechar mejor un año 11.
Veamos cómo el 10 se manifiesta en algunos hechos concretos. Por
ejemplo, en que todo fluye y refluye, sube y baja, crece y decrece, va
y viene, de acuerdo con la Ley del Péndulo.
En el vaivén del tiempo, a veces, nos encontramos muy alegres,
contentos; otras veces, nos hallamos deprimidos, tristes. Tenemos
épocas de progreso, de bienestar, unos más que otros, de acuerdo con la
Ley del Karma; también, tenemos épocas críticas en lo económico, en lo
social, etc. Hay veces que nos encontramos optimistas, con relación a
la vida, y hay veces que nos sentimos pesimistas.
Siempre se ha visto que a toda época de alegría, de contentamiento, le
sigue una temporada depresiva, dolorosa, etc.
Las altas y bajas de la moneda, subidas y bajadas de las finanzas, las
épocas de maravillosa armonía entre familiares, los tiempos familiares
de conflictos y problemas, se suceden todos, inevitablemente, de
acuerdo con esa Ley del Péndulo.
Si vamos viendo que, inconscientemente, estamos sujetos a estos
vaivenes y que, así, todo se nos complica, podemos preguntarnos,
¿habría alguna forma de escaparse uno de esta terrible Ley Mecánica del
Péndulo? Si no la hubiera, estaríamos condenados a vivir una vida
mecánica per seculum seculorum, amen...
Obviamente, que tiene que haber algún sistema que nos permita evadir
esa Ley, o manejarla. Existe: tenemos que volvernos comprensivos,
reflexivos, aprender a ver las cosas, en la vida, tal como son.
Obviamente, que cualquier cosa en la vida, sujeta a la rueda del
Samsara, tiene dos caras. El anverso de una medalla, nos sugiere el
reverso de la misma. Todo tiene dos caras; las tinieblas son lo opuesto
de la luz.
Pero, ¿por qué cometemos nosotros el error de alegrarnos ante algo
positivo y de protestar ante algo negativo, si son las dos caras de lo
mismo? El error más grave de nosotros consiste, precisamente, en no
saber mirar las dos caras de cualquier cosa, o de cualquier
circunstancia, etc.
Siempre vemos nada más una cara, nos identificamos con ella, sonreímos;
pero cuando se nos presenta la antítesis de la misma, protestamos,
rasgamos nuestras vestiduras, “tronamos” y “relampagueamos”; no
queremos nosotros, en verdad, cooperar con lo inevitable y ése es
nuestro error, precisamente.
Si nosotros pudiéramos ver las dos caras de toda cuestión, realmente
todo sería diferente; mas desgraciadamente nos falta comprensión.
Si queremos ver las dos caras de cada cuestión, se hace necesario
vivir, no dentro de la Ley del Péndulo sino dentro de un círculo, un
Círculo Mágico. Imaginemos nosotros un círculo alrededor de nosotros,
un Círculo Mágico.
Por ese círculo van pasando todos los pares de opuestos de la
Filosofía: las circunstancias agradables y desagradables, las épocas de
triunfo y de fracaso, el optimismo y el pesimismo, lo que llaman
“bueno” y lo que la gente llama “malo”, etc.
Alrededor de este Círculo Mágico podemos ver un desfile muy
interesante: descubriremos, por ejemplo, que a toda alegría le suceden,
enseguida, estados depresivos angustiosos, dolorosos. Cuando las gentes
se carcajean más, las lágrimas son mayores y los llantos peores.
Cuando uno se acostumbra a ver las cosas desde el Centro de un Círculo
Mágico, todo cambia, se libera de la Ley del Péndulo.
Si uno se sitúa en el Centro y ve pasar todo a su alrededor, sin tomar
partido por la parte positiva o por la parte negativa de cada cosa,
pues, se evita muchos desengaños, muchos sufrimientos. De manera que es
mejor vivir en el Centro de un Círculo Mágico que en los extremos del
Péndulo.
Ese Centro, en el Oriente, en la China, especialmente, se llama el Tao.
Tao es el Trabajo Esotérico-Gnóstico, Tao es el Camino Secreto, Tao es
el INRI, Tao es el Ser.
Pero, hay que aprender a ver, cada cosa, en sus dos caras: positiva y
negativa, y no identificarse ni con la una ni con la otra, porque ambas
son pasajeras, todo pasa; en la vida, todo pasa...
Hay personas que se dan cuenta, realmente, que todo en la vida tiene
dos caras, que tras los momentos alegres llegarán los de tristezas,
etc., pero, desafortunadamente, no se colocan en el Centro del Círculo,
no se colocan en el Tao. Más bien se van al extremo pesimista, querrían
liberarse de todo pero no comprenden la necesidad de un trabajo sobre
sí mismo para situarse en el Centro liberador.
Cuando uno está en el Tao, sabe que va a pasar alrededor de sí mismo,
alrededor de su propia Conciencia (dentro de sí mismo), todos los
acontecimientos de la vida con sus dos caras, y sabe que son pasajeros.
Obviamente, entonces no se identifica ni con una cara ni con la otra:
reconcilia los opuestos mediante la síntesis.
Tengamos el caso de que alguien, por ejemplo, está en una gran fiesta
(muy contento, muy alegre). Pero ese alguien sabe que a todo momento de
alegría, le sucede uno de dolor. Si esa persona está ubicada en el
Centro, en el Tao, entonces reconcilia los opuestos dentro de sí mismo,
en su propio Ser, en su propia Conciencia. Dice: “Sé que a toda alegría
le sucede una tristeza, mas a mí nada de esto me afecta, porque todo es
pasajero, todo pasa: las personas pasan, las cosas pasan, las ideas
pasan, todo pasa”... Por lo tanto, puede, perfectamente, vivir ese
acontecer como debe ser.
Una reflexión así, le permitirá a tal persona estar en el evento sin
preocupación alguna: está consciente, sabe que está en un momento
pasajero, no lo elude, lo entiende, conoce sus dos caras.
Sencillamente, vive a Conciencia.
Al reflexionar una persona así, actúa en la misma forma en que actúa el
corazón, cuando en el diástole se abre y recibe, acumula, organiza,
elabora, para luego entrar en actividad con el sístole.
Estos aspectos, se manifiestan en el Arcano 10 que es el batallar de la
antítesis, la rueda de la Fortuna, del Samsara, del eterno Retorno y su
correspondencia kabalística es Malkut, el mundo físico, la materia.
Si no hemos luchado por situarnos en el Centro, por el Trabajo
Esotérico-Gnóstico, en un año 10, especialmente, la vida nos habrá
pasado como un alud de materia: ausencias en las sedes, en las
jornadas, irregularidad en las prácticas esotéricas, menos momentos de
auto-observación y de control de verbo…, nuevos hábitos hedonistas,
perezas, más enganchados a la materia, apegos, sufrimientos,
preocupaciones…
Pero el 10, como hemos explicado, también, nos señala el camino de
salida de la rueda. Es la misma solución que da Jesús en el sermón de
la montaña: “Más vale atesorar tesoros en el Cielo porque en la tierra el hollín y la polilla los corroe”.
Así el Cristo nos indica que no merece la pena poner toda nuestra
fuerza, toda nuestra ilusión, gastar todo nuestra energía y tiempo, a
lo que la rueda de la vida material nos ofrece: al trabajo que
terminará en la jubilación, a los hijos que se emanciparán, al esposo
pues llegará la viudedad, a la casa que otros adquirirán o heredaran,
al coche que será desguazado, al intelecto que todo lo olvidará, al
cuerpo que le espera vejez y decrepitud, al placer fugaz al que seguirá
el dolor… Es mejor trabajar para situarnos en el Centro Mágico, el
Cielo o estados superiores de Conciencia.
Una vez que hemos revisado el 10, pasamos al Arcano undécimo que
transgrede al décimo, el de la ley y los preceptos, y está en mengua
respecto del duodécimo que es de la gracia y la perfección.
Significado esotérico del Arcano 11
 El Arcano 11 del tarot simboliza la persuasión.
El jeroglífico de este Arcano es una mujer hermosa, que tranquilamente
y con una serenidad olímpica cierra con sus propias manos las fauces de
un furioso león.
El Arcano 11 es el trabajo con el Fuego, con la fuerza del amor. El
león domado por la persuasión es el Fuego sagrado del Tercer Logos.
El león es el elemento Fuego, también representa el oro; antiguamente,
los carros de los reyes eran jalados por leones y en la simbología
esotérica el carro de guerra jalado por los leones simbolizan los
cuerpos solares.
Los leones del Fuego son la síntesis de este número kabalístico, pues
11 se descompone en 1 + 1 = 2; el 2 se descompone en 2 unidades:
hombre-mujer, las dos columnas del templo: Jachín y Boaz; entre esas
dos columnas está el Arcano. Analizando este Arcano concluimos en el
magisterio del Fuego.
De manera que esta carta del tarot nos ilustra en que para que esa
fuerza de la persuasión se haga presente en toda su expresión y poder,
necesitamos desarrollar el fuego del Kundalini. La sabiduría gnóstica
contenida en este arcano nos indica como “domesticar”, precisamente, el
Kundalini. Entiéndase por “domesticar”, en su sentido esotérico, el
dominio consciente (en este caso) del Fuego sagrado.
Éste es el Fuego viviente y filosofal de Pentecostés que hace fecundo y
creador nuestro verbo, que da poder en la palabra para mandar a los
elementos de la Naturaleza, a las bestias más feroces, para inflamar
los corazones con la sabiduría, con el perfume del amor…
Tres reglas de la persuasión
Antes de seguir indagando en este Arcano, debemos entender o aclarar a
que nos estamos refiriendo cuando hablamos de la virtud de la
persuasión. Hablando desde un aspecto psicológico, podemos
preguntarnos: ¿Qué diferencia hay entre persuadir y seducir?
El diccionario define persuadir como “Inducir, mover, obligar a uno con
razones a creer o hacer algo”. Y seducir como “Engañar con arte y maña,
persuadir suavemente para algo malo”.
Es decir, que la seducción conlleva un engaño e interés egoísta
mientras que la persuasión implica un respeto al entendimiento y a la
libre decisión así como la bondad de intención.
La persuasión quiere ayudar y facilitar a alguien para que descubra por
sí mismo la validez de razones o conductas que, inicialmente, vienen de
otro.
Se convence más con los hechos y costumbres del que habla, que con sus
palabras. Cuando alguien nos habla de la honestidad y, luego, le
pillamos mintiendo pues nos desengañamos, y para nosotros esa persona
ya no tiene fuerza en sus palabras, no tiene influencia sobre nosotros.
También sucede que, a veces, nosotros quisiéramos comunicarnos con
alguien y hasta que compartiera nuestra reflexión, pero, ¡cuán difícil
es que los demás nos entiendan y compartan nuestras convicciones!
Al proponer nuestras iniciativas, nos sucede que recibimos escaso
apoyo. Frecuentemente, el error no radica en nuestra idea o proyecto,
sino en cómo pretendemos inculcarlo, agresivamente, con tácticas
equivocadas.
Para que nuestras ideas despierten entusiasmo en nuestros
interlocutores, existen tres recomendaciones psicológicas.
Primera regla: hagamos que nuestra idea sea de ellos.
Aprendamos del pescador, que pone tentadoramente la mosca al alcance de
la trucha, sin obligar al pez a tragarse el anzuelo por la fuerza.
Cuando nos proponen un plan nuevo, adoptamos instintivamente una
actitud defensiva porque sentimos que es necesario defender nuestra
personalidad, y casi todos creemos que nuestras ideas son más acertadas
que las del prójimo.
Dado que a todos nos desagrada que nos impongan ideas externas, es
preferible explicarlas y ponerlas donde los otros puedan analizarlas
sin premuras ni presiones. Los demás sólo aceptarán plenamente nuestros
planteamientos cuando puedan considerarlos como si fueran resoluciones
suyas.
Evitemos formas imperativas como "esto es lo que les conviene" o "debe
hacerse así”. Suena mejor, y es mucho más efectivo, sugerir "¿no les
parece que esto daría resultado?", para que nuestros interlocutores se
apropien de nuestras concepciones.
Una vez que, atribuyéndoselas, hacemos partícipes de nuestras ideas a
quienes nos escuchan, ya somos más quienes compartimos los mismos
objetivos.
Segunda regla: permitamos que sean ellos quienes aboguen por nuestra idea.
En el primer momento, ante una opinión innovadora tendemos
instintivamente a oponer algún reparo, por el qué dirán y para remarcar
nuestra identidad.
Para que nuestros interlocutores sean nuestros aliados, facilitémosles
la ocasión de disentir de nosotros presentando abiertamente los puntos
flacos que adolezca nuestra propia idea.
"La mejor manera de persuadir a otro -según Benjamín Franklin- es
exponer nuestro caso con moderación. Hecho esto, manifestemos que, por
descontado, podríamos estar equivocados, lo cual predispondrá
favorablemente al que nos escucha, y hasta es muy probable que lo
incline a… tratar de convencemos de aquello que nosotros mismos ponemos
en duda. En cambio, si nos dirigimos a nuestro interlocutor en tono
afirmativo y arrogante, sólo conseguiremos convertirlo en adversario".
Tercera regla: preguntar en vez de afirmar.
Al valernos de la interpelación, la paternidad de nuestra idea se
traspasa a las personas a quienes deseamos convencer.
Nunca demos una cuestión totalmente resuelta, sino que preguntemos cómo
ha de resolverse. De este modo, y con las oportunas pistas para
facilitar el recorrido, les ofrecemos a los demás la oportunidad de
llegar por sí mismos a la solución que mantenemos en nuestro
pensamiento. Cuando queramos dar un buen consejo o proponer una idea a
nuestra pareja, a nuestros hijos, amigos o jefes, recordemos estas tres
reglas.
"Y
si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios (el Dios
interno), y la recibirá, porque Él da a todos generosamente y sin
reproche. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es
semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada
de una parte a otra". (Santiago 1: 5-6)
La persuasión
Al Arcano 11 en la Kábala se le conoce como el Arcano de la Persuasión.
La persuasión en sí misma es una fuerza de orden sutil, espiritual; la
sabiduría oculta dice: "Avivad la llama del espíritu con la fuerza del amor".
La persuasión, fuerza espiritual, se asienta y aviva con el amor.
El amor en sí mismo es una fuerza poderosa, omnipotente, la fuerza del
amor mantiene a los mundos alrededor de sus centros de gravitación
cósmica (los soles). Por eso dice Hermes Trimegisto: “Te doy Amor en el cual está contenido todo el Summun de la Sabiduría”.
Una palabra suave apacigua la ira. La persuasión tiene más poder que la
violencia. Si una persona violenta quiere atacar, se le envía una frase
amable y ésta apacigua su violencia.
Por eso es que en el Arcano 11 aparece una mujer abriendo las fauces de
un león, esa es la fuerza viva de la persuasión; indicando que la
persuasión es superior a la violencia.
En la parte superior del Arcano 10 observamos la Esfinge que tiene
garras de león. El león es el rey de la naturaleza, y nosotros con la
fuerza viva de la persuasión, del amor, de la Madre Divina, podemos
domesticar y vencer las leyes de la evolución y la involución que rigen
esa naturaleza mecánica, que tenemos que trascender.
En el Arcano 11, al medio, la mujer que domestica al león, tiene en la
cabeza la corona y de su frente asoma la serpiente, indicando Maestría.
Maestría en la cualidad o virtud de la persuasión, que se relaciona con
la dulzura, la serenidad, la paciencia, el amor… Y nace cuando
eliminamos la ira, la impaciencia, el resentimiento, el odio…
La persuasión es una fuerza que no tiraniza a nadie.
Recordemos que la Voluntad-Cristo es música deliciosa, que se impone
con la fuerza inefable de la persuasión.
“La Voluntad-Cristo es la fuerza de la persuasión consciente entre las deliciosas sinfonías del fuego universal.
Acuérdate, ¡oh, hermano!, de la fuerza terrible de la persuasión”. (Voluntad Cristo)
Axioma trascendente del Arcano de la persuasión: "Gozoso en la esperanza, sufrido en la tribulación, sé constante en la oración".
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