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Círculo de Investigación de la
Antropología Gnóstica
 
«LAS CATACUMBAS DE ROMA»

La palabra “catacumba” procede del griego "katá kumbim" (junto a la cavidad). Los romanos llamaban así a una localidad de la Vía Apia, en la que se existían canteras para la extracción de los bloques de toba y donde, a principios del siglo III d.C., se excavó un hipogeo (sepulcro subterráneo) que por eso se llamó "ad catacumbas".

Denominación que se dio, posteriormente, a todos los cementerios bajo el suelo. En la Edad Media este término se usó también para designar a los otros cementerios cristianos subterráneos que entonces existían. Es muy probable que fueran lugares de sepultura, pero en su origen y en particular durante las persecuciones, los gnósticos cristianos se servían de los símbolos y de las catacumbas para enseñar, reunirse y así poder celebrar en estos lugares sus reuniones esotéricas. 

En las catacumbas se celebraba la Eucaristía, los ritos de los funerales y los aniversarios de los mártires y de los difuntos. Las catacumbas cristianas empezaron a ser utilizadas como cementerios en torno a la primera mitad del siglo II d.C. y fueron siendo ampliadas hasta la primera mitad del siglo VI d.C. 

Por lo general, los cementerios subterráneos surgieron en terrenos particulares. En caso contrario, los cristianos recurrían a los cementerios comunes, utilizados también por los paganos, o a la cremación. A veces las catacumbas surgían aprovechando cavidades preexistentes, tales como canteras de toba o galerías subterráneas. 

La exploración y el estudio científico de las catacumbas comenzaron siglos más tarde, con Antonio Bosio (1575-1629), llamado “el Colón de la Roma subterránea". En el siglo pasado, Juan Bautista de Rossi (1822-1894), considerado el fundador y padre de la arqueología cristiana, realizó la exploración sistemática de las catacumbas, especialmente de las de San Calixto.

Descripción de las catacumbas

Las catacumbas están formadas por galerías subterráneas, que parecen auténticos laberintos y que en conjunto llegan a medir muchos kilómetros (casi 20 km). En las paredes de toba de este intrincado sistema de galerías, se excavaron filas de nichos rectangulares de diferentes dimensiones llamados lóculos, con capacidad para albergar un único cadáver. Eran cerrados con tejas o placas de mármol en las que se pintaba una inscripción o el nombre del difunto, con un símbolo cristiano. 

Las catacumbas eran iluminadas con lámparas de aceite, a menudo colocadas en pequeños nichos o sobre ménsulas, o bien a través de los lucernarios, auténticas ventanas que daban al exterior. Con frecuencia se colocaban redomas con perfumes. 

Por su distribución en filas superpuestas, las tumbas parecían un gran dormitorio, llamado cementerio, término de origen griego (Koimetêríon, que significa "lugar de descanso"; de Koimao, “poner en lecho”). El significado de estas palabras revela como los cristianos utilizaran en el origen estos términos para afirmar su fe en la resurrección. 

Además de los lóculos, existían otras clases de tumbas: el arcosolio, el sarcófago, la forma, el cubículo y la cripta. 

El arcosolio, (siglos III y IV d.C.) es un nicho mucho más grande con un arco por encima. La lápida de mármol se colocaba horizontalmente. Generalmente el arcosolio servía de tumba para toda una familia. 

El sarcófago, es un sepulcro de piedra o de mármol, frecuentemente adornado con bajorrelieves o con inscripciones. 

La forma, es una tumba excavada en el suelo de las criptas, de los cubículos o de las galerías. Numerosas formas se encuentran junto a las tumbas de los mártires. 

Los cubículos, (este término significa "cuartos de dormir") eran pequeños recintos, verdaderas tumbas familiares, con capacidad para varios lóculos. El uso de una tumba de familia no era un privilegio reservado a los ricos. Frecuentemente, los cubículos y los arcosolios estaban decorados con frescos inspirados en escenas bíblicas y reproducían los temas del Bautismo, la Eucaristía y la Resurrección, simbolizada por el ciclo de Jonás. 

La cripta, es un recinto mayor. En tiempos del papa San Dámaso, muchas tumbas de mártires se transformaron en criptas, es decir, en pequeñas iglesias subterráneas, embellecidas con pinturas, mosaicos y otros tipos de decoración. 


Los símbolos

Los símbolos y los frescos son como un Evangelio en miniatura, ofrecen una síntesis de la fe cristiana y son el ejemplo más evidente de que las catacumbas inicialmente fueron utilizadas como lugar de meditación y de celebración de rituales, y sólo posteriormente como tumbas. 

El Buen Pastor, con la oveja sobre los hombros representa al Cristo Salvador y al alma que ha salvado. Este símbolo se encuentra con frecuencia en los frescos, en los relieves de los sarcófagos, en las estatuas, así como sobre las tumbas. 

El monograma del Cristo está formado por dos letras del alfabeto griego: la X (ji) y la P (ro) superpuestas. Son las dos primeras letras de la palabra griega "Christòs" (Jristós), es decir, Cristo. Este monograma, colocado en una tumba, indicaba que el difunto era cristiano o que era un “Christos”. 

El pez, símbolo de la era de piscis, así como en griego se dice "IXTHYS" (Ijzýs). Colocadas verticalmente, estas letras forman un acróstico: "Iesús Jristós, Zeú Yiós, Sotér" = Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. “Acróstico” es una palabra griega que significa la primera letra de cada línea o párrafo. 

La paloma, con el ramo de olivo en el pico es símbolo del alma que se encuentra en la paz divina. 

Alfa y Omega, son la primera y la última letra del alfabeto griego. Significan que Cristo es el principio y el fin de todas las cosas. 

El ancla, es el símbolo de la salvación, símbolo del alma que alcanzó felizmente el puerto de la eternidad. 

El ave fénix, ave mítica de Arabia que, según creían los antiguos, renace de sus cenizas después de un largo periodo de siglos, es el símbolo de la resurrección.
 

San Calixto

Recorriendo la vía Appia Antica, cerca de la Puerta de San Sebastián, se encuentran la pequeña iglesia de "Quo Vadis?", las catacumbas de Pretextato, las de San Sebastián y, más allá, la tumba de Cecilia Metela. En el centro de esta zona arqueológica, comprendida entre las vías Appia Antica, la Ardeatina y el callejón de las Sette Chiesa, está situado el "Complejo Calixtiano", una vasta área con alrededor de treinta hectáreas, quince de las cuales encierran catacumbas. Las tumbas son muy numerosas, quizás medio millón.

Este complejo está formado por varios núcleos cementeriales que se extendieron con el tiempo: el Cementerio de San Calixto, los Cementerios de Santa Sotera, de los Santos Marcos, Marcelino y Dámaso, y finalmente el de Balbina. 

A nosotros nos interesan ahora las Catacumbas de San Calixto, que están entre las más importantes e imponentes de las aproximadamente sesenta catacumbas cristianas de Roma. Se las puede considerar como "la cuna de la Cristiandad y los archivos de la Iglesia primitiva", porque ilustran su vida, usos y costumbres, el Credo que profesó, y atestiguan su martirio.

Las catacumbas de San Calixto toman su nombre del diácono Calixto, encargado de la administración del cementerio y luego elegido Papa (217-222). Fue el primer cementerio propiedad de la comunidad cristiana; las galerías se extendían por más de 10 km, y en algunos puntos tenían hasta cinco pisos. 

Los núcleos más antiguos de las catacumbas de San Calixto son las criptas de los Papas y de Santa Cecilia, y los Cubículos de los Sacramentos. Las otras catacumbas importantes son la de Priscila y las de S. Sebastiano.


La cripta de los Papas

Es el lugar más sagrado e importante de estas catacumbas. Descubierto por el arqueólogo Juan Bautista de Rossi, que lo definió como "el pequeño Vaticano, el monumento central de las necrópolis cristianas". 

Tuvo su origen hacia finales del siglo II como cubículo privado. Después de la donación de este terreno a la Iglesia de Roma, el cubículo fue remodelado y transformado en cripta y se transformó en sepulcro de los papas del siglo III. La cripta, de forma rectangular, contenía cuatro nichos para sarcófagos y seis lóculos en cada lado; en total, dieciséis sepulturas, más una tumba monumental en la pared del fondo. 

En esta cripta fueron sepultados nueve papas y ocho obispos. En las paredes se encuentran, quebradas e incompletas, las lápidas originales de cinco papas. Sus nombres están escritos en griego, según la costumbre oficial. Sobre cuatro de las lápidas, junto al nombre del pontífice está la calificación de epí (scopos) = obispo, porque era el jefe de la Iglesia de Roma; y sobre dos lápidas está la sigla, es decir, la abreviatura MTR = Mártir. Mártir significa testigo.

San Ponciano (230-235). Murió mártir en Cerdeña, adonde había sido deportado y condenado a trabajos forzados. Para no poner en dificultad a la Iglesia de Roma a causa de su definitiva ausencia, poco después de su llegada a la isla renunció al pontificado. Probablemente el clima malsano y el trabajo agotador en la mina apresuraron el fin de su existencia. Cuando murió, la Iglesia lo consideró un verdadero mártir. Algunos años más tarde sus restos mortales fueron transportados al cementerio de San Calixto. 

San Antero (235-236). De origen griego, tuvo un brevísimo pontificado de sólo 43 días, todos transcurridos en la cárcel. 

San Fabián (236-250). Era romano y fue elegido papa al morir San Antero. Su labor coincidió con un período de paz religiosa. Fue un gran organizador de la Iglesia de Roma. Dividió la ciudad en siete zonas eclesiásticas, confiando a cada una sus "títulos" (= parroquias), su clero y sus catacumbas (cementerios). Murió decapitado durante la persecución del emperador Decio. 

San Lucio I (253-254). Tuvo un pontificado breve: ocho meses en total, transcurridos parcialmente en Civitavecchia, adonde había sido desterrado. 

San Eutiquiano (275-283). De Luni, en Liguria, fue el último de los nueve papas sepultados en esta cripta. 

El papa mártir Sixto II (257-258). Definido por San Cipriano como "sacerdote bueno y pacífico", es ciertamente uno de los mártires más ilustres de esta catacumba. Es el mártir por excelencia de las catacumbas. Se encontraba presidiendo una liturgia precisamente en este cementerio, cuando fue sorprendido por los soldados del emperador Valeriano, el 6 de agosto del año 258, y decapitado en ese lugar, el mismo día, juntamente con cuatro diáconos. 


La cripta de Santa Cecilia

En la parte inferior de la pared de la izquierda, se abre un gran nicho en el cual fue colocado el sarcófago que contiene el cuerpo de Cecilia, que permaneció en este lugar hasta el año 821, cuando el papa San Pascual I lo hizo transportar al Trastévere, a la basílica dedicada a esta santa. 

La estatua es una copia de la célebre estatua de Esteban Maderno (1566-1636), esculpida en 1599, cuando se efectuó el reconocimiento de los restos mortales de Cecilia. Estos se encontraban en la posición reproducida por el escultor. Maderno quiso también poner de relieve el corte de la espada en el cuello y la posición de los dedos: tres abiertos en la mano derecha y un dedo abierto en la izquierda. Conforme la tradición, la santa quiso manifestar así su fe en la Unidad y en la Trinidad de Dios. 

La cripta había sido embellecida con mosaicos y pinturas. De estas últimas restan todavía algunas imágenes. En la pared izquierda, junto al lugar de sepultura de la mártir, en lo alto está representada Santa Cecilia en actitud de orante; abajo, en un pequeño nicho, se encuentra la imagen de Cristo "Pantocrátor" (Omnipotente), que sostiene el Evangelio. Al lado, está la imagen de San Urbano, papa y mártir, contemporáneo de Santa Cecilia, unido a la mártir en la pasión. En la cavidad del lucernario se observa la cruz entre dos ovejitas y las imágenes de los mártires Polícamo, Sebastián y Quirino. 

En la cripta se conservan numerosas inscripciones. La más importante, por el hermoso testimonio de fe, es la de Septimio Frontón, de rango senatorial. Está en lengua griega y se remonta al siglo III «Yo Septimio Frontón Pretextato Liciniano, siervo de Dios reposo aquí. No me arrepentiré de haber vivido honradamente. Te serviré, también, en el cielo, y daré las gracias a tu nombre. Entregué mi alma a Dios a los 33 años y 6 meses».


Los Cubículos de los Sacramentos

En esta galería encontramos a la izquierda cinco pequeños recintos o tumbas familiares, llamadas "los Cubículos de los Sacramentos", famosas e importantes por los frescos que contienen, cuya datación puede corresponder al siglo III y que representan simbólicamente los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo y Eucaristía.

El Bautismo. El Bautismo de Jesús (Mt 3, 13-17) es una representación del bautismo cristiano. Por eso se ve la escena de Jesús que se hace bautizar por Juan en el Jordán. En la pared del fondo del cubículo está pintada la más antigua escena del bautismo de un catecúmeno. Otras representaciones del bautismo las ofrecen el pescador, la samaritana junto al pozo y el paralítico de la piscina de Betsaida.

La Eucaristía. Los primeros cristianos escogieron representar en sus cubículos como símbolo de la Eucaristía el milagro de la multiplicación de los panes y peces (Jn 6, 1-15). Efectivamente, Jesús, remitiéndose a este milagro, promete un pan particular y diferente: su cuerpo (Jn 6, 22-59). La escena de la multiplicación de los panes se repite siempre de la misma manera: siete personas están sentadas alrededor de una mesa.

El Jonás bíblico. En todos estos cubículos aparece el profeta Jonás. Es el profeta más amado por los cristianos, porque predicó el mensaje de la salvación mediante el arrepentimiento a los habitantes de Nínive; por lo tanto, es el símbolo de la llamada a la salvación para todos los hombres sin distinción. Jonás, por otra parte, también es símbolo de la resurrección. En los Evangelios, Jesús lo toma como símbolo de esta realidad: "Como Jonás permaneció en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así el Hijo del Hombre permanecerá en el corazón de la tierra tres días y tres noches, y luego resucitará" (Mt 12, 40).

El Maestro Samael, en su libro Rosa Ígnea, en el capítulo dedicado al elemental de la calabacera nos dice: “Por medio de la magia elemental de la calabacera, Jonás hizo arrepentir a Nínive de sus pecados”. En la imagen vemos un fresco del siglo IV d.C. (Catacumba de Vía Latina), donde podemos observar a Jonás reclinado bajo una pérgola de la cual penden calabaceras.


Catacumbas de S. Priscila

Las catacumbas están ubicadas en la vía Salaria, cuyo terreno pertenecía a una matrona de la noble familia Acili. Aquí se encuentra la Capilla Griega, así denominada por la presencia de dos inscripciones en griego; está decorada con estucos en la parte inferior, y frescos con motivos bíblicos y ornamentales en la parte superior y en la bóveda, entre los cuales se encuentra la primera representación de la Virgen con el Niño. 

Posterior a la capilla es el cubículo de la Velatio, cámara sepulcral con pinturas que a la derecha representan un obispo bendiciendo la boda de una mujer, mientras el esposo le entrega el velo nupcial. A la izquierda la misma mujer tiene en brazos a su hijo.


Catacumbas de S. Sebastián y de Domitilla 

Las catacumbas de S. Sebastián son famosas por conservar la “Memoria apostolorum” de los Apóstoles Pedro y Pablo. Según una leyenda, las reliquias de Pedro y Pablo fueron sepultas aquí antes de la construcción de la Basílica Vaticana y Ostiense. Se puede visitar la tumba del mártir Sebastián, muerto en las persecuciones del Emperador Diocleciano. A la entrada se encuentra un pequeño museo con una serie de inscripciones y lápidas encontradas durante las excavaciones arqueológicas. Durante toda la Edad Media este lugar fue visitado y en 1600, por voluntad del cardenal Scipione Borghese, fue construida la basílica en estilo barroco.

Las catacumbas de Domitilla se localizan en la antigua via Ardeatina en la propiedad de la noble Flavia Domitilla. El lugar comprende la basílica construida sobre la tumba de los santos mártires Nereo y Aquileo, dos soldados muertos en una de las persecuciones efectuadas por Domiciano. El núcleo más antiguo es el hipogeo de los Flavios, del siglo II, y parte del área de enterramientos donde se pueden ver los frescos bíblicos de los siglos III y IV.

M.C.

  
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Frases de las cabeceras tomadas de la obra escrita de Samael Aun Weor.