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Antropología Gnóstica
 
« EL SUFISMO »


No se sabe cuando surgió el Sufismo y se desconoce el nombre de su fundador.

La palabra «Sufismo», viene de «suf» que etimológicamente significa:
«Vestidura de lana basta no teñida». Simbólicamente, designaba a quienes buscan a Dios mediante el despojamiento interior. Esta vestidura se llevaba en señal de penitencia.

El Sufismo es el Alma musulmana y se nos presenta como una ilustración del precepto délfico y socrático: «Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo ya los dioses».

Este conocimiento no era solo dogmático, sino que se experimentaba las verdades reveladas, y se podía conseguir el éxtasis y la iluminación.

El sufismo también es una experiencia del dolor, pues el dolor libremente asumido sirve para el aniquilamiento egóico y en consecuencia para la aproximación a lo divino. Esto nos recuerda a lo que el esoterismo gnóstico nos dice, que para la aniquilación Budista, se necesita de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios.

El Sufismo predica el sacrificio por los demás: «Primero uno tiene que sanar su propio corazón y luego consolar a quienes sufren, socorrer a los demás en su infortunio».

Esta doctrina también responde a una vocación social, ya que es de naturaleza apostólica, pues de esta forma ha llegado a nosotros; transmitiéndose oralmente de generación en generación de forma secreta. Existen escritos medievales que son auténticamente Sufíes. La abundancia de textos no disminuye su carácter esotérico.

El Sufismo tiene sus raíces en el Corán. Aunque todos los versículos del Corán sirven para la elevación mística, existen ciertas Suras que desempeñaron un importante papel en la meditación sufí.

El primer Sura del Corán, (Apertura), sirve para introducir todos los actos de culto; plegaria, consagraciones, meditación y contemplación. El Corán es rico en alegorías que nutren la silenciosa meditación de los Sufíes y les llevan hacia la unión con Dios por el conocimiento y por el Amor, (El Ser y el Saber).

Podemos encontrar influencias gnósticas en el Sufismo. La Gnosis de los primeros cristianos, subsistía en los medios Sirios donde se desarrolló el Sufismo.

Las enseñanzas Sufís dividen al hombre en 3 grandes clases de ascensión mística:

- La primera engloba a los hombres ordinarios, preocupados, distraídos, mundanos, atareados en las cosas de este mundo.

- La segunda comprende a los compañeros del recto camino, buenos, justos; pero limitados al conocimiento «exotérico», están a medias entre los apetitos de la vida y los deseos espirituales.

- La tercera reúne a los que buscan el auténtico conocimiento «Esotérico».

Este tipo de psicología no excluye las relaciones internas que se establecen entre estos tres niveles. Existen entre ellos una red de tendencias, deseos y experiencias que se combaten o se ayudan mutuamente para conseguir la metamorfosis del hombre en Dios, que surgiría del aniquilamiento egóico.

La parte mística del Sufismo nos enseña tres vías sucesivas: La vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva.

La vía purgativa es la del control de los sentidos, es un duro combate contra los deseos carnales y contra el cuerpo, es la vía de la austeridad y del ascetismo más severo; donde se desarrolla la voluntad. Es pues la vía del principiante.

La vía iluminativa es la que eleva el corazón y el espíritu, anhelando el conocimiento divino. Se tienen visiones pasajeras y dichas espirituales, pero también se suceden las noches espirituales, donde todo el ser permanece suspendida de la luz y el amor de un Dios que permanece oculto y silencioso. Es en estas tinieblas donde se prepara la iluminación. Esta vía es pues la vía de aquel que progresa.

La vía unitiva corresponde a la unión del Ser y del Alma despojada de toda escoria, de todo vínculo terrestre, de la ilusión y del pecado. Es la vía de la perfección.

Los Sufíes frente a los preceptos coránicos, adoptan la misma actitud que Cristo frente a los preceptos judaicos:

«El hombre no está hecho para la ley, sino al contrario. La ley está hecha para el hombre y la única ley que permanece y que justifica todas las demás, es la del Amor».

Como nos explican las enseñanzas gnósticas: «Una ley superior lava a una ley inferior».

Una de las máximas del sufismo es la obediencia, tanto para obtener pan, abrigo y refugio, como para la unión con Dios y la paz interior. Someterse, no por la recompensa del trabajo, sino por y para el amor. No declararse vencido por la ley, sino por la unión amorosa, incluso prescindiendo de todos los beneficios prometidos por la ley.

Esta actitud generalizada en los ritos, se encuentra en todas las vías místicas, plegaria, concentración, meditación, música, danza, liturgia ceremonial, etc. Todos tienden al desapego que sobrepasa al de las preocupaciones y a los deseos cotidianos de la vida.

En el camino de la superación de si mismo, hay que vencer a la duda, que es el límite entre la ignorancia y la ciencia. Hay que superar también la perplejidad que es el límite entre la ciencia y la gnosis. Así mismo, hay que superar la detención, que es el límite entre la gnosis y la contemplación y sería la ilusión de creer que se ha llegado al final y por último vencer el aniquilamiento, que es el límite entre la contemplación y el éxtasis.

Existen distintos grados a franquear según las vías. Por una parte el esfuerzo, la voluntad, la acción, la primera etapa consiste en tomar conciencia de nuestra nadidad y comenzar la batalla contra el agregado psicológico. La segunda etapa se caracteriza por la esperanza y la confianza; la fe se hace más firme. La tercera etapa nos llevaría al conocimiento perfecto, a la Auto-realización.

R.W.J.Austin, compara estas tres etapas con las tres vías del Hinduismo, la de la acción «kama», la de la devoción «Bhakta» y la de la gnosis «Jnana».

El asceta o discípulo pasa por diferentes niveles de Ser y de acción donde libra su combate. Son los diferentes grados de la disciplina moral. El arrepentimiento, la pobreza, la paciencia, la confianza, son las disposiciones permanentes del Alma una vez han sido adquiridas.

El anhelo de combatir cualquier forma de vanidad, de auto-consideración, de fariseísmo; hizo que algunos sufíes utilizaran el «Método de Reprobación», se exponían voluntariamente a las reprobaciones públicas, huían de toda clase de consideraciones por la santidad de su vida y para evitar los honores, llegaban a deshonrarse. El hombre ostentoso, actúa para conseguir la popularidad, mientras que el sufí actúa para que la gente lo rechace. 

El auténtico derviche no se preocupa por la opinión de los hombres, es indiferente tanto a los halagos como a las críticas. Como decía Tomás de Kempis: «No soy más porque me alaben, ni menos porque me vituperen, yo soy lo que soy».

La vía del desprecio público ha tentado siempre a algunos ascetas y santos, como por ejemplo San Martín de Porres, que aún perteneciendo a una ilustre familia, prefirió ser un sencillo fraile al que le gustaba que le llamaran «Fray Escoba», pues siempre estaba al servicio de los demás, acompañado por su inseparable escoba. Recibiendo insultos por ser mulato, los transformaba en amor y en auténtica humildad.

Continuando con la ascesis de los sufíes, ellos trabajaban en el aniquilamiento «Faná», por un lado en el aniquilamiento del propio pensamiento en el objeto y por otro en aniquilar el objeto en el pensamiento.

¿Qué es el Sufismo?, le preguntaron un día a un discípulo de Al-ltallaj, y éste contestó: «Que tu aniquilamiento sea tal que no tengas ya que negar ni afirmar».

El trabajo con la mente era necesario para conseguir la «kenosis» (Vacío), vaciarse de sí mismo, para dejarse invadir por la divinidad.
Los Sufíes dicen que la vía que conduce a Dios, consiste en cortar todos los vínculos con el mundo, dejar el corazón vacío, cesar de preocuparse por la familia, el dinero, los hijos, la patria, etc.; hacer que el corazón llegue a un estado donde la existencia o la no existencia de cualquier cosa sea indiferente.

Exigen la transformación de la persona, en un mundo de por si engañoso. Por ello ciertos ritos del sufismo toman un significado profundo; por ejemplo el rito de ablución simboliza la pureza interior que hay que recuperar o conservar. Las prosternaciones simbolizan la humildad y el aniquilamiento. La posición sentada con las piernas dobladas, no es solo la actitud de la meditación, simboliza también estabilidad y equilibrio. 

El ayuno del Ramadán nos recuerda la necesidad de destruir determinados agregados psicológicos mediante el sacrificio, a fin de renacer.

El Sufí se obliga a si mismo, a la práctica de la pobreza, aunque la ley no condena la riqueza, pero avisa de sus peligros, los apegos a bienes terrenales, a abusar, placeres, avaricia, violencia, el egoísmo y el orgullo que pueden engendrar. Pero la pobreza del Sufí no lleva a la mendicidad y al no trabajo.

La meditación se practica en todas las vías sufíes. Es un método de concentración activa, llegando mediante la inspiración al corazón de las cosas y de uno mismo. Es el espejo que hace ver al discípulo lo que tiene de positivo y lo que tiene de negativo. Es una búsqueda de la contemplación que reúne sobre ella las actividades dispersas de la psiquis.

En la plegaria sufí, encontramos 4 elementos: El silencio, la escucha, el lenguaje y el ritmo.

El silencio es purificación, paz, sentido de la inmensidad cósmica, espera, penetración en los secretos interiores. La escucha es una actitud de atención a las vibraciones del Ser. El lenguaje no es el de la ciencia, es poesía, canto, símbolo... y el ritmo, como la danza, la repetición vocal, respiración, etc.; no es una ruptura del silencio, sino la unión de todo el ser en el movimiento alternativo de impulso y reposo de la vida, de todo organismo viviente.

La práctica más conocida del Sufismo y la más espectacular, es la danza de los derviches giradores: «El Samá».

Las enseñanzas Gnósticas, a través de su fundador; V. M. Samael Aun Weor, en alguna de sus obras nos dice:

«Las danzas sagradas eran verdaderos libros informativos que transmitían deliberadamente ciertos conocimientos cósmicos trascendentales.

Los Derviches Danzantes no ignoran las Siete Tentaciones mutuamente equilibradas de los organismos vivientes.

Los danzarines antiguos conocían las siete partes independientes del cuerpo y sabían muy bien lo que son las siete líneas distintas del movimiento.

Los Danzarines Sagrados sabían muy bien que cada una de las siete líneas del movimiento posee siete puntos de concentración dinámica.
Los danzarines de Babilonia, de Grecia y Egipto, no ignoraban que todo esto cristalizaba en el átomo danzarín y en el planeta gigantesco que danza alrededor de su centro de gravitación cósmica.

Si pudiéramos inventar una maquina que imitara con plena exactitud todos los movimientos de los siete planetas de nuestro sistema solar alrededor del sol, descubriríamos con asombro el secreto de los Derviches danzantes.

Realmente, los Derviches danzantes imitan a la perfección todos los movimientos de los planetas alrededor del Sol...

Ya nada saben los modernos artistas sobre le Ley del Siete, ya nada saben de Dramas Cósmicos, ya nada saben sobre las Danzas Sagradas de los antiguos misterios...

Es bien sabido en música que ciertas notas pueden producir alegría en el centro pensante; otras pueden producir pesar en el centro sensible, y por último, otras pueden producir religiosidad en el centro motor... El conocimiento íntegro sólo puede adquirirse con los tres cerebros.
La Danza Sagrada, sabiamente combinada con la música, sirvió para transmitir a los neófitos tremendos conocimientos arcaicos de tipo cosmogenético, psicobiológico, fisicoquímico, metafísico, etc.»


(Psicología Revolucionaria)


«En el Pakistán, en la India, hay derviches que saben realizar ciertas danzas maravillosas y por medio de las mismas despiertan ciertos poderes, desarrollan ciertos chakras... Los movimientos torbellinos los he conocido donde los mahometanos, que constituyen parte de los aspectos esotéricos del mahometanismo.»

(Ejercicios de Lamaseria)


«Lo más inefable del Misticismo Mahometano es el Sufismo Persa. Este tiene el mérito de luchar contra el materialismo y el fanatismo, así como contra la interpretación a la letra muerta del Corán. Los Sufíes interpretan el Corán desde el punto de vista esotérico, así como nosotros los Gnósticos interpretamos el Nuevo Testamento.

Lo que más desconcierta a los Occidentales es la extraña y misteriosa mezcla de lo Erótico con lo Místico en la religiosidad oriental y en la mística sufí.

La teología cristiana ha considerado a la carne como hostil al Espíritu, pero en la religión musulmana, la carne y el Espíritu son dos substancias de una misma energía. Dos substancias que se deben ayudar mutuamente.

Esto solo lo entienden los que practican magia sexual positiva.
En Oriente, la religión, la Ciencia, el Arte y la Filosofía son enseñadas con lenguaje erótico y exquisitamente sexual.

«Mahoma se enamoró de Dios», dicen los místicos árabes.
Los Sufíes, poetas Persas, escribieron sobre el Amor de Dios en expresiones aplicables sobre hermosas mujeres.

La idea del Sufismo es la unión amorosa del Alma con Dios.
Realmente, nada puede explicar mejor la unión amorosa del Alma con Dios, como la unión sexual, deliciosa, del hombre y la mujer. Esa es la brillante idea del Sufismo.

El lenguaje simbólico de los sufíes tiene expresiones maravillosas.
Sueño, entre ellos, significa meditación.

Realmente, la meditación sin sueño daña la mente.
La palabra perfume simboliza Esperanza de Divino Pavor.
Besos y abrazos, significan entre ellos, embeleso en la piedad.
Vino, quiere decir conocimiento espiritual, etc.

Los poetas sufíes cantaban al amor, a las mujeres, a las rosas y al vino, y sin embargo muchos de ellos vivían vida de ermitaños.
Los sietes estados místicos descritos por los sufíes son algo extraordinario.

Existen ciertas substancias químicas muy relacionadas con los Estados Místicos: El óxido nitroso y el éter; especialmente el óxido nitroso, cuando se disuelve suficientemente con aire, estimula conciencia mística en grado extraordinario.»

«Las danzas sagradas de los Derviches Danzantes, tanto en Persia como en Turquía, etc., constituyen en el fondo un culto al fuego.
Los Derviches imitan a la maravilla el movimiento de los planetas del sistema solar alrededor del sol.

Las danzas de los Derviches están íntimamente relacionadas con la espina dorsal y los juegos sexuales.

Jamás debemos olvidar que la serpiente goza con la música y la danza, como ya está demostrado en Egipto e India con los encantadores de serpientes. Estos tocan su flauta maravillosa y las serpientes encantadas danzan».


(El Matrimonio Perfecto)


Las órdenes de los derviches aparecieron en los siglos XII y XIII y estas prácticas todavía subsisten en nuestros días.

El Sufismo encuentra en la música un método de ascensión del Alma hacia la verdad. La música al provocar emociones superiores conduce al hombre hasta el mundo supra-sensible.

Los maestros sufíes sólo autorizaban la danza tras una preparación espiritual adecuada. Para poder conseguir «El Samá» (danza giratoria) era necesario apartar los pensamientos frívolos, fijar el corazón en el amor de Dios, estar dispuesto al «Faná» (aniquilamiento) y abrirse al gozo místico.

Los principales instrumentos que utilizan para estas danzas son: el violín, la flauta de caña, el tambür (instrumento de cuerda) y el Bendair (gran tambor redondo de un solo parche).

Emitiendo con estos instrumentos los sonidos creadores, se captan las vibraciones cósmicas.

Para los más avanzados, la danza sagrada es acompañada de peligrosos juegos:

«El juego del hierro», consistía en agujas de hierro, largas y firmes que se hunden en los músculos, bajo la vigilancia de los maestros de ceremonia. Si el ejecutante no es puro, sufre y sangra. Si por el contrario, si está santificado, no sentirá más que una picadura de abeja, esto es señal de que los límites de las sensaciones han sido superados. En «El juego del Sable», un hombre danza durante algún tiempo haciendo revolotear un sable, tiende su punta a otro danzante y ambos lo mantienen horizontalmente a poco más de un metro del suelo, con los filos dirigidos hacia arriba y hacia abajo.

Un maestro danzador comienza a girar en torno a ambos derviches, luego en torno a cada uno de ellos, pasando bajo la espada, después apoya sus manos en los hombros, se levanta y pone los pies sobre la hoja, se coloca transversalmente al sable y se deja caer sobre él con los brazos y las piernas colgando. Otro derviche sube sobre sus riñones y los portadores dan una vuelta. Cuando la danza termina y el hombre se levanta, tiene una pequeña línea rosácea en su vientre.

En estos tipos de danzas jamás se pierde el dominio. El «Samá» permanece muy alejado de esas danzas convulsivas y frenéticas de algunos lugares de África o Asia. El Samá, produce una impresión fascinante de movimiento ordenado y de paz interior.

Algunos maestros sufíes dicen que ven en estos movimientos la imagen de las revoluciones astrales del misterio de la creación, de la emanación de lo múltiple y del regreso a la Unidad.

Los danzantes tienen el secreto de la energía vital. La danza giratoria se convierte en el espacio simbólico del cielo. Los derviches se convierten en Astros.

Plegaria sufí:

!Oh día levántate!
Los átomos danzan, Las Almas ebrias de éxtasis, danzan. Al oído te diré donde le arrastra su danza. Todos los átomos que están en el aire y en el desierto, sábelo, están ebrios como nosotros, y cada átomo, feliz o desgraciado, es aturdido por el sol del Alma incondicionada.
 

E. M.

 

 

 
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Frases de las cabeceras tomadas de la obra escrita de Samael Aun Weor.