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Antropología Gnóstica
 
« SOBRE LA REENCARNACIÓN »

 “Si un asiático me pidiese una definición de Europa, me vería obligado a contestarle lo siguiente: Es aquella parte del mundo en la cual prevalece la increíble falacia de que el hombre fue creado de la nada y que su nacimiento actual constituye su primera entrada a la vida”. Shopenhauer

“Mientras no seas consciente de la ley infinita del morir y volver a ser, eres meramente un vago invitado en un mundo oscuro” Ghoete 

“El descubrimiento de la Reencarnación me trajo la paz; me gustaría comunicar a los demás la tranquilidad que da el poder ver lo larga que es la vida”. Henry Ford

“Todos volvemos, ésto es lo que realmente da sentido a la vida, y no debe crear el problema de la diferencia insignificante sobre si recordamos o no nuestra vida anterior en una nueva reencarnación. Lo que cuenta no es el individuo ni su bienestar, sino la aspiración hacia lo perfecto y lo puro que prevalece en cada reencarnación”. Gustav Mahler

“Si pudiéramos vernos a nosotros mismos, y a otros objetos como realmente somos y son, nos encontraríamos en un mundo de naturalezas espirituales, una comunidad que no empieza cuando nacemos ni termina con la muerte del cuerpo”. Enmanuel Kant

“Las leyes de la Reencarnación y el Karma hacen posible el constante progreso de todas las criaturas vivientes. No sólo crece el hombre, sino que los árboles, piedras y estrellas crecen con él. Todos se manifiestan conjuntamente, toda la vida crece en el espacio y hacia el espacio.” Manly P. Hall 


Los egipcios ya enseñaban la reencarnación tres mil años antes de Cristo. El historiador griego Herodoto (siglo V antes de Cristo) afirmaba que los egipcios fueron los primeros reencarnacionistas y numerosos textos antiguos han demostrado que, entre ellos, esta creencia resultaba sumamente corriente y familiar, como lo expone el siguiente párrafo interpretado por Marius Fontaine: 

”Antes de nacer, el niño ha vivido ya, y la muerte no termina en la nada. La vida es un devenir que transcurre semejante a un día de sol, que recomenzará”.

Así, el gran iniciado Hermes Trismegisto (2.670 a de C.) del que se sabe muy poco de su biografía y al que se le atribuyen varias obras –42 tratados: una colección de diálogos agrupados con el nombre de Corpus Hermeticun, el Discurso perfecto, conservado en traducción latina con el nombre de Asclepios— decía que las almas bajas y malas permanecen encadenadas a la Tierra por múltiples renacimientos; pero las almas virtuosas suben volando hacia las esferas superiores. 

Esta creencia fue difundida por Pitágoras, quien afirmaba de esta ley que no sólo observaba, sino que tenía en cuenta todas las desigualdades existentes en la vida terrestre del hombre, expresando que 

“Una vida en la carne, no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma”. 

Fue tema común entre sus discípulos en la escuela iniciática que creó en Crotona, en la isla de Sicilia, confiando a los más adelantados la difusión de la misma, a los que refería en más de una ocasión ciertos pasajes de alguna de sus cuatro últimas vidas que recordaba.

Entre sus más reputados discípulos se encuentra el filósofo Empédocles de Agrigento del que se conocen algunos fragmentos de dos de sus poemas: De la Naturaleza y el de las Purificaciones. Sobre todo en el primero expresa abiertamente su creencia en la Reencarnación. Cuando Porfirio le cita, así lo expresa claramente: 

“Le reviste con túnica de carne que le es extraña, cambiando el vestido de las almas”. 
“Yo he sido antes un muchacho y una muchacha, un arbusto, un pájaro y un mudo pez de mar”. 


Si en la primera cita deja claro el tema de la Reencarnación, en la segunda además expresa el de la transmigración de las almas en cuerpos pertenecientes a reinos inferiores de la naturaleza hasta llegar al humano. En su libro “Fedón” se pueden leer frases como: 

“El alma es más vieja que el cuerpo. Las almas renacen sin cesar del Hades (Más Allá), para volver a la vida actual”. 

Al igual que Platón, Sócrates aseguraba que:

Las almas toman nuevos cuerpos para repetir una y otra vez sus vidas físicas, a fin de desarrollar las facultades de la psiquis y adquirir la sabiduría”. 

Así lo podemos apreciar en este diálogo sostenido con uno de sus discípulos en el que evidencia claramente la existencia del alma humana antes de su nacimiento en la Tierra: 

“También me parece a mi, Cebes, que nada se puede objetar a estas verdades, y que no nos hemos engañado cuando las hemos admitido; porque es indudable, que hay un regreso a la vida; que los vivos nacen de los muertos; que las almas de los muertos existen; que las almas buenas libran bien y las almas malas libran mal”. 

Por otro lado, Plotino, en sus “Eneadas” asienta lo siguiente: 

“Se trata de un descubrimiento reconocido desde la más remota antigüedad que si el alma comete falta se ve condenada a expiarlas sufriendo el castigo de los tenebrosos infiernos. Después es admitida a pasar por nuevos cuerpos para volver a comenzar sus pruebas”. 

Y en otra parte sigue diciendo:

“Cuando nos vemos descarriados en la multiplicidad, estamos de hecho siendo castigados por nuestro propio alejamiento; después, cuando volvemos a tomar cuerpos físicos, gozamos de una condición menos feliz”. 

Como hemos podido ver además de Pitágoras, Sócrates y Platón, también Apolonio y Empédocles entre otros, popularizaron la creencia de la ley de los renacimientos de las almas en nuevos cuerpos físicos, como camino eficaz para alcanzar el progreso del espíritu.

Así encontramos en el Fedón: 

“Aquellos que se abandonan a la intemperancia, a los excesos del amor y de la comida, y que no han tenido ningún freno, entran de forma similar en el cuerpo de animales semejantes, y los que no han amado más que la injusticia, la tiranía y la rapiña, van a animar el cuerpo de los lobos, gavilanes o halcones. El destino de las demás almas está en relación al género de vida que han llevado”.

El poeta Ovidio, escribe en La Metamorfosis (libro XV): 

“La muerte no puede matar tu alma. Cada vez que ella retorna a la Tierra, busca una nueva morada... dando vida y luz a la nueva forma... Las almas van y vienen sin cesar a través de las formas. Los animales que han aprendido la bondad, tomarán aspecto humano y los hombres perversos volverán en cuerpos de bestias. A través de mil formas, el alma avanza y cumple su destino”. 

Como si fuese la confesión de una de sus existencias, en uno de los poemas declara:

“Me siento avergonzado al decírtelo, pero te lo diré; me empezaron a salir cerdas. No podía hablar, sólo emitir sonidos en vez de palabras. 
Sentí cómo mi boca se volvía más grande, tenía un hocico por nariz y mi cara se inclinó para mirar el suelo. Mi cuello se llenó de grandes músculos, y la mano con la que llevaba la copa a mis labios dejaba ahora pisadas en el suelo”. 

Así se expresa en el diálogo mantenido con Asclepios, referente a las recompensas y castigos que recibirán los hombres según su actuación: 

“Tal es, en efecto, la recompensa que aguarda a los que llevan una vida de piedad para con Dios y de atento cuidado del mundo. En cambio los que hayan vivido en el mal y la impiedad, aparte de ver que se les niega el retorno al cielo, son condenados a pasar a cuerpos de otra especie en virtud de una migración vergonzosa, indigna de la santidad del espíritu. " 

De él dice el filósofo neo-platónico Jámblico:

“Hermes es el rector de la palabra e inspirador de los iniciados; es él quien dirige la verdadera ciencia; él es uno con todo y por ello nuestros antepasados le atribuían todos los descubrimientos y ponían sus obras bajo la protección del nombre de Hermes”.

El llamado Padre de la Historia, Herodoto, afirma en el libro II (Euterpe), que 

“El alma, después de permanecer en el cielo, pasa por diversos estados de vida inferior antes de renacer como humano”.

El poeta Ovidio, escribe en La Metamorfosis (libro XV): 

La muerte no puede matar tu alma. Cada vez que ella retorna a la Tierra, busca una nueva morada... dando vida y luz a la nueva forma... Las almas van y vienen sin cesar a través de las formas. Los animales que han aprendido la bondad, tomarán aspecto humano y los hombres perversos volverán en cuerpos de bestias. A través de mil formas, el alma avanza y cumple su destino”.

En el Eclesiastés, (C. I, V. 9,11) podemos leer:

“Lo que ha sido es lo que será... y no hay nada nuevo bajo el sol. ¿Hay algo de lo que pueda decirse: Esto es nuevo? Siempre se trata de algo ya viejo, de otros tiempos, algo que fue antes que nosotros. No hay recuerdo de cosas anteriores”.

Incluso en La sabiduría de Salomón, uno de los Evangelios Apócrifos, vigentes como se sabe en los primeros años del cristianismo, en su C.8, V 19 y 20, se lee: 

“Yo era un niño de buen carácter, y una buena alma cayó en mi cuerpo. Así, siendo bueno, entré en un cuerpo incontaminado”.

Y ya centrándonos en el Nuevo Testamento, en el Evangelio de Mateo, podemos ver que cuando el Mesías habló sobre Juan el Bautista a la multitud de personas que le seguían, entre otras cosas les dijo: 

”Porque todos los profetas y la ley han profetizado hasta Juan. Y si queréis oírlo, él es Elías que había de venir. El que tenga oídos oiga” (C. XI - V.13 al 15).

También en el Evangelio de Marcos reza así:

“Y le preguntaron: ¿cómo dicen los fariseos y los escribas que ha de venir primero Elías? Y él les respondió: Elías realmente ha de venir y restablecerá todas las cosas y como está escrito, el Hijo del Hombre ha de padecer mucho y ser vilipendiado. Si bien digo que, Elías ha vuelto ya en la persona del Bautista y han hecho de él cuanto les plujo, según estaba escrito” (C. IX, V. 10 al 12).

 

 

 
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Frases de las cabeceras tomadas de la obra escrita de Samael Aun Weor.