La palabra “Patrística” designa lo perteneciente o relativo a los Padres de la Iglesia. Este término, aparecido en el siglo XVII, es un adjetivo sustantivado proveniente de “pater”.
Antiguamente los adjetivos propios para designar el concepto "padre", en lengua latina antigua, eran: patrinus, patritus, patrius, patricus. Como consecuencia, la palabra “Patrología”, surgida también en el siglo XVII y usada por Gerhard, designa la colección de obras de los Padres de la Iglesia, así como la doctrina y vida de éstos.
Lo cierto es que muchos de los estudios realizados hasta ahora sobre Patrística y Patrología, se han efectuado sin tener en cuenta los libros apócrifos y sin clasificar a auténticos Padres de la Iglesia que al ser desechados por la Iglesia Católica no se incluyeron en las investigaciones. Existen otros investigadores que eliminan los términos anteriores y utilizan el término “Paleocristiano” para definir sus estudios sobre este tema, teniendo en consideración textos apócrifos o escritos gnósticos y heréticos que fueron desechados.
Los estudiosos de la Patrología se contradicen, porque consideran que “Padres” son todos aquellos que han sido testigos de la Tradición Antigua y algunos de éstos escribieron obras que no fueron reconocidas. Por eso la Iglesia Católica, a pesar de que en algunas épocas quiso excluir de la lista que componen los Padres de la Iglesia, a personajes como Orígenes, Dídimo, Evagrio Póntico, etc., más tarde tuvo que reconocerlos porque, ciertamente, habían sido testigos fieles de la Tradición Antigua. En el V Concilio de Constantinopla, realizado en el año 553, ya que no pudieron excluirlos de dicha lista, algunas partes de la doctrina de éstos fueron condenadas y anatemizaron algunos puntos de sus escritos. Aceptar algunas de sus obras y otras rechazarlas, es algo ilógico y contradictorio.
Concepto de la palabra “Padre” Con este término de “Padre”, o “Padre de la Iglesia”, se indica a aquel que comunica la Palabra, el que deja una enseñanza escrita particularmente significativa. En síntesis los “Padres” son los Maestros de Vida, los transmisores de la Tradición Arcaica, los portavoces del pensamiento gnóstico primitivo. Todos ellos ocuparon un puesto de relieve en su época dentro de la Filosofía, la Literatura, el Arte, el Derecho y otras ciencias... En las culturas griega, romana, siria, etc. Desgraciadamente, hoy en día, sus obras son poco estudiadas y comprendidas. Todos los Padres de la Iglesia dejaron su huella en la transmisión, explicación y defensa de la doctrina.
El concepto de “Padre” es muy antiguo y por ello su significado se hace complejo y con muchos matices. En sus acepciones más corrientes, se entiende por “padre” a una persona entrada en años a quien los hijos le deben respeto y veneración; o el dueño de la casa, con poder de decidir y ordenar; pero “Padre” también se utiliza para designar al promotor de una corriente de pensamiento, así por ejemplo, el Génesis habla de un “Padre” de los nómadas y pastores. En la antigüedad grecorromana se usaba este término para indicar ante todo al padre de familia como centro de autoridad y autor de la vida. En el derecho romano se le denominaba “pater familias”, dándole un gran valor porque, además, era el sacerdote del culto doméstico.
En el Antiguo Testamento se presenta una visión del padre semejante a la del mundo grecorromano. El judaísmo insiste en el deber de honrar al padre ya que representa a Dios, y junto con la madre colaboran con la divinidad en la creación.
La tradición judaica daba una gran importancia y respeto a los llamados “Padres de Israel” (Abraham, Isaac, Jacob, etc.) porque ellos actuaban como transmisores de la Sabiduría, de generación en generación, y denominan a esta transmisión la “Tradición de los Padres”. En el libro de la Sabiduría se habla de Adán como el primer modelo de Padre del Mundo.
El estudio sobre los Padres del Gnosticismo se puede abordar bajo dos puntos de vista: Por la influencia que tuvieron en la transmisión de la tradición arcaica, o por su contribución al desarrollo de una cultura o de una civilización.
A través del tiempo, a medida que va siendo olvidada la doctrina por los hombres, tiene que volver a transmitirse y esa forma de transmisión surge a través de los “Padres”. Ellos representan el camino de regreso a la divinidad y engendran vida. Por eso San Pablo decía: “Aunque tengáis diez mil maestros en Cristo, no tenéis muchos padres, porque soy yo quien por el Evangelio os he engendrado en Jesucristo.” (1 Cor. 4, 15).
He aquí la diferencia entre Maestro y Padre. Por eso los Apóstoles fueron denominados “Padres”, constando así en documentos muy antiguos.
Relación padre e hijo
a) Relación de Educación: En la antigüedad la relación entre padre e hijo equivalía a la de maestro discípulo, y esto no sólo fue entre los cristianos; por ejemplo, Plutarco decía que la educación de los hijos era tarea del padre y que éste debía presentarse como modelo de conducta. En la pedagogía antigua, desde Homero a Quintiliano, se insistía mucho en la buena elección de los preceptores, por eso Platón enseñaba que los pedagogos se debían elegir según la experiencia y la edad.
b) Relación de fe: La relación de un hijo hacia su padre debe basarse en la confianza, es decir, en la fe. En las Sagradas Escrituras se dice: “Los verdaderos hijos de Abraham son aquellos que creen y obran como él y pueden ser sacados incluso de las piedras”. Clemente de Alejandría, otro gran Padre del gnosticismo primitivo, escribía: “El discípulo que escucha las palabras del maestro, se hace hijo suyo”.
Los hijos que pierden el sentido del respeto y de la veneración hacia su padre, están condenados al fracaso. Por lo que una Humanidad que olvida la veneración, el respeto y, además, pierde la fe en los Padres de la tradición arcaica, está perdida y fracasada.
Filón decía: “El padre hace que nazcan las buenas decisiones y los comportamientos honestos; y los mantiene vivos en lo sucesivo con sus amonestaciones”.
La fe desempeña un papel esencial en la vida de un hijo, porque cuando un hijo tiene fe profunda en su padre, llega a obrar como él y así logrará algún día alcanzar las mismas metas de su padre.
Pablo de Tarso escribía: “Mediante la predicación del Evangelio, hace que nazca la fe, y establece con el creyente una relación como entre padre e hijo”. Por eso, Pablo de Tarso, decía a los corintios que había establecido con ellos una relación de paternidad.
Epitecto hablaba de las consideraciones que un hijo debía tener hacia su padre: “Considerar como propiedad del padre todas las cosas propias, obedecerle en todo, no censurarle delante de nadie y no decir ni hacer nunca una cosa que pueda perjudicarle; ponerse siempre de su parte y cederle el puesto, ayudándole según las propias posibilidades”.
Autoridad de los Padres del Gnosticismo
La autoridad de cada Padre del gnosticismo depende de la misión a cumplir por ellos y de otros factores, por eso no a todos se les cataloga de la misma forma.
San Agustín hizo grandes reflexiones sobre la autoridad de los Padres del Gnosticismo y vino a demostrar que existe una relación entre la autoridad de los Padres y las Sagradas Escrituras. Explicó que las escrituras contienen la Verdad, como un tesoro bien guardado, pero la llave para abrir ese tesoro es la fe; afirmando también que, los Padres eran simplemente los testigos de la fe.
Es importante señalar que católicos y protestantes tienen diferentes puntos de vista en lo referente a la autoridad de los Padres de la Iglesia. Estas opiniones quedan en su lugar si tenemos en cuenta lo que dijo el V.M. Samael: “El catolicismo, el protestantismo, el adventismo, la Iglesia de Armenia, etc.; son sectas neocristianas desprendidas del verdadero tronco esotérico que fue el gnosticismo”.
Clasificación
Se habla de una Era de los Padres que va desde los primeros tiempos del cristianismo hasta la islamización de Africa del Norte y de los países del Mediterráneo Oriental y, de otra Era, en Occidente que abarcaría desde los primeros tiempos del cristianismo hasta los comienzos de la cultura carolingia.
La Iglesia Católica Apostólica Romana considera como Padres de Occidente a aquellos que abarcan hasta Gregorio Magno o a Isidoro de Sevilla (que murió en el año 636) y en Oriente se considera como último Padre de la Iglesia Griega a Juan Damasceno (750).
Pero estas clasificaciones no tienen en cuenta a ciertos autores ni a muchas de sus obras, consideradas apócrifas. Afortunadamente, no todo se perdió, a lo largo de la historia siempre ha habido interesados por conservar lo auténtico, como las cartas de Ignacio de Antioquía, guardadas por Policarpo de Esmirna y enviadas a los filipenses.
Basilio el Grande fue el primero en adjuntar una relación de los Padres de la Iglesia en su obra titulada “De Spíritu Sancto” hacia el año 374.
Literatura
Los textos existentes, tanto en la Iglesia Latina como en la Griega e incluso en la Iglesia Oriental no griega, son abundantísimos. Las causas de esta abundancia y variedad se pueden atribuir a que, la doctrina cristiana primitiva, era tan amplia que necesariamente tenía que pasar de ser oral a escrita, para poder desarrollar con claridad todos sus puntos básicos además de existir en la antigüedad cristiana grandes oradores y escritores.
De la predicación hablada surgió la escrita al transcribirse lo escuchado en las predicaciones, tal y como pasó con los cuatro Evangelios. Más tarde surgieron tratados en los que se explicaban pasajes o escritos de la doctrina y se daban orientaciones para interpretar la Biblia; como en el caso de San Agustín en su obra “De Doctrina Christiana”. Orígenes, dos siglos antes, hizo lo mismo en su tratado “Sobre los Principios”, donde explicaba ciertos puntos clave de la doctrina.
En los primeros siglos del cristianismo surgieron los apologistas (llamados así mucho más tarde). Éstos se lanzaron a combatir los ataques contra la fe de la doctrina y trataban de explicar con claridad conceptos doctrinarios. Fue de aquí de donde surgieron importantes escritos de algunos Padres de la Iglesia, tal como los de Orígenes, que rebatían a Celso; u otros textos que combatían el arria-nismo, el donatismo, el pelagianismo, y otras desviaciones doctrinarias de la época.
Algunas de estas obras, como las de Hilario o San Agustín, sirven de modelo, incluso dentro de la teología católica actual.
Al estudiar detenidamente las obras de los Padres de la Iglesia, llama la atención el hecho de que en ellas se encuentran muchos elementos de escuelas neoplatónicas apreciándose la influencia que ejercieron en éstos, reconociéndose este hecho, incluso, por la Iglesia Católica.
Dentro de las obras de los Padres de la Iglesia podemos encontrar elementos relativos al dogma, a la moral y exhortaciones. Entre las más famosas de aquellos tiempos estarían: “Sobre los Principios” de Orígenes, “la Magna Oración Catequética” de Gregorio de Nisa, “la Fuente de la Ciencia y los Sagrados Paralelos” de Juan Damasceno, “Contra los Herejes” de Ireneo de Lyon...
Géneros literarios
Cultivaron muchos géneros literarios, entre los que destacan: 1. Cartas: como las cartas heortásticas de Atanasio, de Cirilo de Alejandría, etc.
2. Circulares pastorales.
3. Género laudativo confesional: Sobresalen “Las Confesiones” de San Agustín.
4. Diálogos: Muy cultivado, destacando las obras de Justino, Juan Crisóstomo, Gregorio Magno, Teodoreto, etc.
5. Poesía: Fueron notables poetas, tanto los griegos, Gregorio Nacianceno, Amfiloquio, Román el Melodo, etc.; como los latinos, Ambrosio, Hilario, Prudencio, etc.
6. Historia: El exponente más importante de este género, mencionado con frecuencia por el V.M. Samael, fue Eusebio Cesarea, muerto hacia el año 339, y seguido después por otros autores como Rufino, Teodoreto, etc. Gracias a estos historiadores se tiene un conocimiento más exacto sobre lo que fueron los Padres de la Iglesia.
Es digna de destacar la obra titulada “Sobre los Varones ilustres” de Jerónimo.
Lenguas empleadas Emplearon fundamentalmente el griego y el latín. El uso del griego prevaleció hasta el siglo III, no sólo en Roma sino también en Africa del Norte y en las Galias.
Entre las obras latinas, destacan las de Ambrosio como modelo de elegancia.
Juan Crisóstomo fue el máximo exponente entre las obras escritas en griego. Gracias al diácono Aniano de Celeda (muerto hacia el año 418) se pueden conocer, en gran parte, las obras de Juan Crisóstomo ya que se dedicó a su traducción.
Aproximadamente, a partir del año 200, en oriente se sustituye (en parte) el griego por el armenio, el copto y el siríaco; y en occidente empieza a ser sustituido por el latín.
Fue gracias a Rufino, Jerónimo, Hilario y otros, que en occidente se pudieron leer las obras de Orígenes. Sobre todo debido a Rufino se pudieron conocer otros importantes textos de Basileo de Cesarea, Gregorio Nacianceno, Evagrio Póntico, etc.
Casi todos los textos latinos provienen de traducciones griegas y es muy raro encontrar un autor griego que cite a uno latino.
Periodos de la literatura
Se estructura el estudio de esta literatura en tres grandes periodos, comenzando por el anteniceno, la época áurea (que se extiende del Concilio de Nicea al de Calcedonia) y el periodo final de la Era de los Padres de la Iglesia.
a) Periodo anteniceno: La Doctrina, en sus primeros momentos, se fue abriendo paso dentro de una época hostil que llegó hasta el Concilio de Nicea (325 D. de C). Esta época se conoce como la de “los Padres Apostólicos” o la generación de escritores que siguen inmediatamente a los Apóstoles entre finales del siglo I y principios del II.
Los Padres Apologistas fue la siguiente generación después de los Padres Apostólicos. En este periodo aparecen los dos primeros apologistas, o apologetas: Ireneo e Hipólito (llamado “Padre de la exégesis cristiana”). Éstos tuvieron que combatir muchas desviaciones doctrinarias, incluso dentro del mismo seno de su Iglesia.
Nace en esta época la Escuela Alejandrina cuyos mejores representantes son Clemente de Alejandría y Orígenes, contemporáneos de Tertuliano y Cipriano, auto-res latinos.
b) Época Áurea: Este segundo periodo se desarrolla aproximadamente en los cien años siguientes desde el Concilio de Nicea (325), empezando su decadencia con la muerte de San Agustín (430) y finalizando definitivamente con el Concilio de Calcedonia (451). Es el periodo más floreciente de esta literatura, por lo que se le denomina “Época Áurea”; existiendo grandes personajes que desarrollaron, sobre todo a partir del año 313, una gran actividad literaria ya que se contaba con mayor libertad de expansión. Son los tiempos en que la Iglesia comenzaba a salir de la clandestinidad al ir cesando las feroces persecuciones y martirios de los primeros siglos.
Entre la relación de Padres de la Iglesia, de la zona de oriente, que escriben en esta etapa destacan los siguientes:
- Los Padres alejandrinos: Atanasio, Cirilo y los tres capadocios (Basilio de Cesarea, Gregorio de Nisa y Gregorio Nacianceno).
- De la escuela de Antioquía: Diodoro de Tarso, Teodoro de Mopsuestia, Juan Crisóstomo y Teodoreto de Ciro.
- Los Padres Efrén y Afraates de la escuela siríaca.
En la zona de occidente, en el marco latino, el V.M. Samael señala como más importantes de esta etapa: el polémico Hilario, el místico Ambrosio, el erudito Jerónimo y San Agustín.
c) Etapa final de los Padres de la Iglesia: Comienza alrededor del año 431 aproximadamente. Este periodo está marcado por una cierta fatiga, debido a las largas disputas y controversias teológicas. Hubo grandes luchas entre diversas Iglesias para tomar el control y como consecuencia, el auténtico cristianismo gnóstico tuvo que ir ocultándose. No obstante, esta época dio grandes personajes, reconocidos por el mismo V.M. Samael; pero la Iglesia Católica, predominante en estos tiempos, los califica como católicos aunque no lo fueran.
Entre los Padres Ortodoxos de esta época destacan: Leoncio de Bizancio, Sofronio de Jerusalén, Germán de Constantinopla y principalmente, según el V.M. Samael, Máximo el Confesor y Juan Damasceno.
En la zona de occidente, de influencia latina, Boecio, Casiodoro, Cesáreo de Arles, Gregorio de Tours, el Papa Gregorio I e Isidoro de Sevilla son los más destacados.
Registro de los libros
En un escrito confeccionado entre los años 1974 y 1987, al que se tituló “Clavis Patrum Graecorum”, se contabilizan alrededor de 9.623 piezas literarias; añadiéndose, en una segunda edición, 2.348 obras más; todas ellas correspondientes a los Padres de la Iglesia. Aunque, a esta última cifra habría que añadir una multitud de escritos que se perdieron o que fueron considerados apócrifos y no se incluyen en esta relación.
Para el gnosticismo actual, los Padres de la Iglesia tienen, por encima de todo, el interés de ser los primeros testigos de la Tradición Cristiana. La lectura de sus obras no es tan complicada como pudiera parecer a simple vista. La Iglesia Católica no ha comprendido exactamente quiénes eran los Padres ni el contenido de su doctrina, aunque digan que “la verdadera Iglesia no puede ser otra que la de los Padres”.
Degeneración de la palabra “Padre”
En el transcurso del tiempo, las diferentes Iglesias, tanto de oriente como de occidente, han ido degenerando el sentido de la palabra “Padre”, de tal forma que llegó a aplicarse a los diáconos; incluso hoy en día, dentro del ámbito católico, se aplica a cualquier sacerdote.
En sus comienzos, la Iglesia Católica, calificó como “Padres” a los Apóstoles, pero a partir del siglo IV se llamó así a los Obispos. Concretamente, en el Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, se adjudicó el título de “Padres de la Iglesia” o “Santos Padres”, a los 300 Obispos allí presentes. A partir de los siglos IV y V, el término fue adquiriendo un sentido diferente, aplicándose a personajes que nada tenían que ver con dicho título.
Los primeros Padres dejaron muy claro en sus escritos quiénes eran los merecedores del título de “Padre”. Por ejemplo, Clemente de Alejandría escribió al respecto: “El discípulo que escucha las palabras del Maestro, se hace hijo suyo... Nosotros llamamos Padres a aquellos que nos han instruido en la religión”.
Ireneo también decía: “Cuando una persona recibe la enseñanza de labios de otro, es llamado hijo de aquel que le instruye y éste a su vez es llamado Padre suyo”.
En tiempos más cercanos, el Maestro Huiracocha también aclara lo siguiente: “Todos los altos Iniciados, aquellos llamados Santos y Padres de nuestra Iglesia Gnóstica, están conformes con la Doctrina Gnóstica y así lo dejaron expuesto en obras trascendentales que hoy difícilmente se podrán encontrar en las bibliotecas”.
Recordemos como síntesis de este tema, la frase:
“El gnosticismo es la vieja doctrina de los primeros Padres de la Iglesia”.
M.P. (España)
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