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Círculo de Investigación de la
Antropología Gnóstica
 
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Orfeo
Grecia fue por excelencia la cuna de nuestra actual civilización. En ella podemos encontrar la Gnosis plasmada en una característica muy particular. Filosofía, Arte, Mística, y por qué no Ciencia, una ciencia que inspiró y animó a grandes hombres a la cristalización de las ideas filosóficas de esta gran cultura.

La vida en la antigua, Grecia estaba animada por un espíritu de perfección basado en el canto de los misterios divinos, esto hacia que las multitudes, el pueblo tuviera gran devoción por sus dioses. En sus mitos y leyendas podemos encontrar una singular manera de instruir al alma a penetrar en los misterios. Entre ellos encontramos aun gran animador, ORFEO, que fue muy venerado en la Grecia antigua.

En los santuarios de Apolo poseían la tradición Órfica, una fiesta misteriosa se celebraba en el equinoccio de la primavera. Era el momento en que los narcisos florecían al lado de la fuente de Castalia.

Los trípodes, las liras del templo vibraban por sí mismas y el Dios Invisible se decía volver del país de los Hiperboreos sobre un carro tirado de cisnes. 

La gran sacerdotisa vestida de musa, coronada de laureles la frente, y ceñida por cintas, cantaba ante los iniciados el nacimiento de Orfeo, hijo de Apolo y de una sacerdotisa del Dios.

Ella invocaba al Alma de Orfeo, padre de los mitos, salvador melodioso de los hombres. Orfeo, soberano inmortal y tres veces coronado en los Infiernos, en la Tierra y en el Cielo, el que marcha con una estrella en la frente por entre los astros y los Dioses.

El místico canto de la sacerdotisa de Delfos aludía a uno de los numerosos secretos guardados por los sacerdotes de Apolo e ignorados por la multitud.

Por otra parte los Orfeistas representaban en escena lo que sentían y con entera precisión, las actividades de la esencia, de la conciencia, mostrando así el fundamento de los Misterios.

Orfeo fue el genio animador de la Grecia Sagrada, el despertador de su Alma Divina. Su lira de siete cuerdas de la que cada una de ellas responde a una modalidad del Alma humana, contiene la Ley de una Ciencia y de un arte. 

Hemos perdido la clave de su plena armonía, pero los modos diversos no han cesado de vibrar en nuestros oídos. La impulsión teúrgica y Dionysíaca de Orfeo, supo comunicarse en Grecia y transmitirse por ella a toda Europa, revestida en un aire de perfección. 

Nuestro tiempo no cree ya en la belleza, en la vida y a pesar de todo guarda de ella una profunda reminiscencia, una secreta e invencible esperanza, la cual se debe a aquel sublime inspirado, ORFEO. 

A mediados del siglo VI a. C., Orfeo, cuyo nombre ignoraron los poemas Homéricos y Hesiodo, y de cuya primera mención la debemos al lírico lbycos y a Pindaro. 

Era ya el objeto de múltiples tradiciones de origen muy oscuro en la indicada época. Orfeo, era célebre como argonauta, poeta, fundador de cultos ancestrales y Divinos de esta forma Orfeo se convirtió en el fundador de un culto misterioso contemporáneo de la civilización Helénica, y que después de haber vivido mucho tiempo en la sombra reaparece finalmente a la luz para ofrecer a las Almas acongojadas los preceptos de una moral más pura y la esperanza de una inmortalidad dichosa. 

SU HISTORIA 

Teólogo, poeta y músico célebre, Orfeo era hijo de Eagro, rey de Tracia y de la musa Caliope, desde joven estudió religión y recorrió Egipto para consultar a los sacerdotes de Menphis y ser por ellos iniciado en los misterios de Isis y Osiris. También visitó Fenicia, el Asia Menor y Samotracia. Volvió a los 20 años, bajo el nombre que había conquistado por sus pruebas y recibido de sus maestros, como signo de su misión, se llamaba ahora Orfeo, que quiere decir "AQUEL QUE CURA POR LA LUZ". De vuelta a su país dio a conocer a sus compatriotas el origen del mundo y de los Dioses, la interpretación de los sueños y la expiación de los crímenes e instituyó las fiestas de Baco y de Ceres. 

Consagró la majestad de Zeus en Tracia y la de Apolo en Delfos; formó el alma religiosa de su patria, porque fundió la religión de Zeus con la de Dionysos en un pensamiento universal. Elevó templos a Zeus y Apolo e hizo relucir en la noche de los misterios el Sol Dionysos, en una época en la que la religión estaba dividida en Masculina y Femenina, los hombres adoraban a Zeus y Apolo; las mujeres a Hecate. A los sabios les enseñó astronomía, canto la guerra de los Titanes, el Rapto de Proserpina, y los Trabajos de Hércules, fue considerado como el padre de la Teología Pagana. 

En la música alcanzó una gran perfección, el perfeccionó la lira, regalo del Dios Apolo, añadiendo dos cuerdas a las siete originales, en consideración a las nueve Musas. Su voz unida al sonido de este instrumento embelesaba a hombres y Dioses; y toda la naturaleza se conmovía con sus acordes, las bestias feroces iban a rendirse a sus pies, los vientos dirigían su soplo hacia donde él estaba, los ríos y torrentes dejaban de discurrir, las piedras le seguían danzando, hasta los árboles y montañas, se animaban fascinados al oírlo. 

Cuenta la leyenda, que durante la expedición de los argonautas, en la que tomó parte, consiguió con su música calmar la tormenta del mar y dormir al Dragón que custodiaba el Vellocino de Oro. 

El episodio más célebre de su leyenda muestra su descendimiento a los infiernos, en busca de su esposa Euridice. 

La historia dice, que todas las Ninfas admiraban su talento y deseaban tenerlo por esposo. Solamente Euridice, cuya modestia igualaba a sus encantos, parecíole digna de su amor, y siendo al mismo tiempo correspondido por ella. Su amor no pudo durar mucho, pues un día mientras Euridice huía de la persecución de que era objeto por parte de Aristeo, hijo de Girene, fue mordida en el talón por una serpiente y esta herida le causó la muerte. Orfeo quedó inconsolable, intentó ablandar a las divinidades, descendió a los infiernos, al reino de los muertos, allí hizo resonar su lira, Cancerbero descuidó su vigilancia, la rueda de Ixión cesó en sus vueltas, Sisifo se apoyó sobre su piedra, Tantalo olvidó su red, y por primera vez las caras de las Furias, diosas del Terror, se cubrieron de lágrimas. 

El mismo Hades, señor de los infiernos, y su reina, se conmovieron y le concedieron el salir de los infiernos, con la condición de que no volviera la cabeza para mirar a Euridice que iría detrás de él, hasta que no estuvieran fuera de sus dominios. 

De este modo Orfeo comenzó a ascender el áspero sendero que conducía a la Tierra, yendo Euridice tras él, sorteando los obstáculos que obstruían el camino de retorno, y estaba ya apunto de ver la luz, cuando Orfeo, olvidando su promesa, cediendo a la impaciencia, y al deseo de saber si ella le seguía, se giró, vio entonces desaparecer la sombra de su amada, a pesar de sus llamadas, era engullida por las tinieblas infernales, esta vez para siempre. 

Orfeo trató en vano de penetrar por segunda vez en la mansión de los muertos, Cerón se negó a transportarlo en su barca, Orfeo estuvo siete días a orillas del aqueronte sin probar alimento alguno. Finalmente se retiró al monte Rodope, en Tracia sin otra compañía que los animales que amansaba con su encanto, las mujeres que moraban en aquel país salvaje intentaron en vano llevarlo al matrimonio, pero el desoyó sus ruegos, fiel al recuerdo de Euridice. Estas se ofendieron y un día durante la celebración de una Orgía en honor a Dionisos, se armaron con Tirsos y corrieron al monte Rodope y lo asaltaron por todos lados, su griterío y el ruido de los tambores apagaron la voz de Orfeo que era lo único capaz de conmoverlas, y a pesar de los esfuerzos de éste, destrozaron su cuerpo y echaron su cabeza y su lira a las aguas de Hebro. Transportadas por la corriente del río llegaron al mar, mientras los labios de Orfeo y su instrumento hacían todavía resonar dolorosamente el nombre de Euridice. 

Al llegar cerca de la isla de Lesbos, surgió del mar un enorme dragón que iba a tragarse la cabeza del poeta, cuando intervino Apolo; que petrificó al monstruo, luego el Dios mandó una terrible peste a Tracia, para castigar a los habitantes por el delito cometido. Consultado el Oráculo por los Tracios, reveló que la peste cesaría cuando la cabeza de Orfeo hubiera encontrado digna sepultura. Fue encontrada por un pescador, milagrosamente todavía inalterada, en las costas de Jonia, y con la ayuda de las Musas le dio piadosa sepultura. La lira del poeta, recogida por el ciclo se transformó en una constelación. 

En otra variante de la historia del descenso de Orfeo a los infiernos, cuando este, consigue que Hades libere a Euridice, y Orfeo rompe su promesa y mira hacia atrás, para ver como ella se desvanece, en esos instantes Euridice le dice: 

"No habito en el seno de la Tierra, sino entre la Tierra y la Luna, en el torbellino del Limbo. Si quieres libertarme salva a Grecia, dándole la Luz. Entonces yo volviendo a encontrar mis alas, subiré hacia los astros y me volverás a encontrar en la luz de los Dioses". 

Orfeo, en esos momentos penetra por amor en la Magia, la Ciencia Divina, atraviesa las cavernas de Samotracia, los pozos de las pirámides y las tumbas de Egipto. 

Es preciso descender a los infiernos para subir de nuevo al cielo. Es entonces cuando Orfeo, regresa a Grecia, para entregarle los misterios, y acabar con las bacantes sacerdotisas de Hecate, pero estas acabarían con él, dándole muerte y convirtiéndose así en el Alma de Grecia. 

Es oportuno citar en estas líneas la referencia que el V. M. Samael hace con respecto a este relato de la Sabiduría Hermética, haciendo presente las leyes de Recurrencia y Retorno, con respecto a la mala polarización de los Misterios. 

"Ved ahora a las Menades ridículas negativamente polarizadas por la Onda Dionisiaca, bailarinas desenfrenadas en el furor de su locura sagrada, mujeres HIPPIS de la antigua Grecia, féminas prostitutas excitadas por las drogas en plena embriaguez Dionisiaca. Los sacrificios humanos y de animales las hacían más peligrosas, fueron las menades lujuriosas quienes dieron muerte a Orfeo y la Lira maravillosa cayó sobre el pavimento del Templo hecha pedazos". 

ORFISMO O LOS MISTERIOS ÓRFICOS 

Religión mistérica atribuida a Orfeo y que apareció en el siglo VI a. C., en Grecia y Asia Menor. 

A diferencia de los misterios Dionisíacos, carece de carácter orgiástico; sin embargo, está basada en una doctrina filosófica y cosmogónica de derivación Dionisíaca, tendente a exaltar las fuerzas espirituales y el anhelo del hombre a identificarse con la divinidad. 

De esta unidad del mundo y del hombre en el Dios derivan los misterios de los Órficos. 

En el hombre existe la naturaleza divina y el principio del mal; la primera se representa por el Alma, que es inmortal, la segunda por el cuerpo, considerado como la prisión. El hombre debe pagar, una vez muerto, las culpas cometidas en vida, tornará después a una nueva existencia. 

Orfeo, obtuvo de Perséfone y Hades la gracia de salvar el Alma del ciclo de las existencias y dejarla libre de volver a aquellos Dioses que la habían generado. Esta gracia podía obtenerla solo quien estuviera iniciado en los misterios Órficos y condujera una vida intachable, según los conceptos de esta Orden. 

Los iniciados practicaban una serie de ceremonias o misterios nocturnos entre los que sobresalían la representación del mito de Dionisio, la revelación de ciertas fórmulas para el feliz descenso al Hades, y los misterios de la Homofagia (relacionada con el desastre de Dionisio por parte de los Titanes). 

La iniciación en los misterios Órficos que conferían los sacerdotes tenía por objeto ahorrar a las Almas el ciclo del renacimiento, era preciso para no renacer, haber aprendido ciertas fórmulas mágicas. Al muerto, se le permitía beber el agua de una determinada fuente; perdía su naturaleza carnal, donde moraba el pecado, y purificado de esta suerte, reinaba entre los héroes. 

Las ceremonias se desconocen por ser secretísimas, el Orfismo ejerció una influencia decisiva en la cultura griega, especialmente en la Filosofía, de la que partió hacia el mundo occidental a través de los siglos sembrando para los puros, un aire de reminiscencia de perfección y para los impíos un instrumento de morbosidad y profanación, que como hemos podido observar a través del M. Samael la Ley de Recurrencia se encarga de desenterrar del subconsciente los resultados positivos y negativos de las actividades del Alma en la gran jornada. 

Sería interesante develar estos cantos mistéricos del orfeismo, mas ésta hay que viviría a través de la iniciación esotérica de la vida tal como nos la explica el V. M Samael. Vale pues guardar silencio ante esta revelación órfica "y estudiar a los pies del maestro mientras llega el oficiante". 

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Frases de las cabeceras tomadas de la obra escrita de Samael Aun Weor.