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« EL ENIGMA DEL NEUTRINO Y EL MESÓN K »

Hay quien afirma que existe un universo invisible, semejante al nuestro. Sólo hay una interacción muy débil entre ambos universos, de modo que no vemos ese otro mundo que se mezcla con el nuestro. 

¿Qué características tiene tal universo? ¿Cómo demostrar científicamente, con pruebas contundentes y evidentes, tal hipótesis? ¿Cómo penetrar a voluntad en ese mundo? 

Este mundo en el que vivimos se rige por unas leyes. Nada es producto de la casualidad. 

Cuando un universo se rige por leyes diferentes, resulta extraño e inimaginable; pero si las diferencias no son muy grandes, las interferencias con nuestro mundo se hacen posibles. 

Se ha observado que el comportamiento de determinadas partículas, componentes integrantes de la materia, es contrario muchas veces a las leyes físicas. 

Por ejemplo, se dice que la materia es impenetrable. Sin embargo, resulta que indagando en su constitución íntima, se han encontrado partículas como el neutrino, que si traspasa la materia. Este es capaz de atravesar un espesor infinito de materia sin reacción apreciable. 

Los fotones pueden venir desde el Infinito pero basta una delicada hoja de papel para detenerlos; en cambio el neutrino puede atravesar el planeta Tierra en su totalidad como si fuera el vacío. 

En 1931, Pauli sugirió la existencia de una partícula "fantasma", que era la que robaba la energía que desaparecía en cierto tipo de radiación nuclear. Su único argumento consistió en decir que de no ser así, la ley de la conservación de la energía no sería válida. El principio de la conservación de la energía era cierto para algunos tipos de radioactividad (el núcleo del átomo emite uno o más tipos de partículas, dando origen a radiaciones alfa, beta y gamma, según el tipo de partícula emitida). Un átomo radiactivo tiene un núcleo inestable, que se transforma en núcleo estable emitiendo uno o varios tipos de partículas. El átomo busca la estabilidad. En la radiactividad alfa, por ejemplo, es expulsada por el núcleo una partícula alfa, que consiste en dos protones y dos neutrones. La masa perdida por el núcleo no es igual a la de la partícula alfa expulsada, pero la energía que falta aparece en forma de energía de movimiento de la partícula alfa. 


El caso parecía distinto con la radiactividad beta. En este tipo de radiactividad, el núcleo emite un electrón y al mismo tiempo, un neutrón del núcleo se transforma en un protón. 

Pero cada vez que esto ocurría se manifestaba también una pérdida de energía. En algunos casos tomados en consideración por los científicos, los electrones casi no poseen energía, aunque, de acuerdo con la Ley de Conservación, deberían tener una cantidad de la misma significativa y determinada. 

Frente a este enigma, algunos científicos consideraron la posibilidad de abandonar la Ley de Conservación de la masa energía (en el caso de fenómenos en el interior del átomo). Pero Pauli no estaba de acuerdo con ellos y planteó la hipótesis de que cuando un neutrón se descompone en un protón y en un electrón, debía formarse otra partícula aún no descubierta. Esta debería de llevar la energía que faltaba de la reacción. 

Las ideas de Pauli fueron aceptadas por el físico Italiano Enrico Fermi, que llamó neutrino ("pequeño neutrón" en Italiano) a la partícula "fantasmas". (El neutrino no es comparable con el mucho más pesado neutrón, descubierto y bautizado también en aquellos años.) 

En realidad el neutrón se convierte en un protón, un electrón y un antineutrino. Los neutrinos propiamente dichos surgen de la conversión de un protón en neutrón. Son partículas sin carga eléctrica, sin masa o con masa prácticamente nula, que viaja a la velocidad de la luz. 

Son producidos por aceleradores de partículas y en las reacciones nucleares que tienen lugar en el Sol y otros astros. 

Los neutrinos producidos por el núcleo solar se dispersan en todas direcciones. Aquellos que toman la dirección adecuada llegan a la Tierra en ocho minutos y la traspasan. Estos neutrinos nos bombardean masivamente durante el día desde el cielo, y durante la noche desde el suelo, cuando el Sol está al otro lado de la Tierra. 

En 1956 Raymond Davis, físico norteamericano, inició sus experiencias con un detector de neutrinos solares a base de cloro, primero, y percloroetileno posteriormente. Davis instalo su detector -un enorme tanque de 400.000 litros (610 toneladas) de líquido en el interior de una antigua mina de oro, a 1500 metros de profundidad. El espesor de roca y tierra interceptarían cualquier otra radiación, menos las partículas de neutrinos. 

Cada mucho tiempo, un neutrino incidente sería absorbido por un átomo de cloro, convirtiéndose ese átomo en una variedad radiactiva del gas argón. 

Después de acumularse una cantidad apreciable de átomos de argón, se lavan con helio gaseoso para extraer posibles átomos de argón tomados de la atmósfera y se mide la cantidad de argón que se ha formado en la reacción con los neutrinos. 

De esta manera se mide el flujo de neutrinos y también se puede saber la intensidad del ritmo de las reacciones nucleares que tienen lugar en el Sol. 

Posteriormente se han realizado experiencias utilizando como elemento detector el galio. 

Extraña característica la del neutrino. Cabe preguntarse, ¿cómo es que siendo un componente de la materia, puede atravesarla? 

Fue con emisión de neutrinos corno los científicos T. D. Lee, C. N. Yang y la señora Wu, obtuvieron otra partícula peculiar: el Mesón K. 

Ya en el año 1937, Anderson y Nedderrneyer, en las placas fotográficas obtenidas en la cámara de niebla, al investigar la radiación cósmica, descubrieron la huella de una partícula que no podía atribuirse ni al protón ni al electrón, que eran las dos únicas partículas cargadas, entonces conocidas. Esta huella correspondía a una partícula de masa intermedia, entre las del electrón y el protón, por lo que dicha partícula bautizada con el nombre de "mesón" (que significa partícula mediana inicialmente, se llamó también "mesotrón"). Posteriormente se han ido descubriendo más partículas de masa intermedia entre las del electrón y el protón. Todas estas partículas se llaman "mesones" aunque no tengan nada que ver unas con otras. Es decir, la palabra "mesón" no designa una partícula determinada, sino un grupo de partículas.

Todos los mesones son inestables y se convierten en otras partículas, a veces incluso en otros mesones. 

Los científicos Lee, Yang y Wu descubrieron que la Ley de Conservación de la paridad no cumplía con los mesones K.

Esta ley establece que cuando algo se parte, una vez se forma el par, cada elemento tiene una vida independiente, cada parte sigue una trayectoria independiente. 

Con los Mesones K no ocurre esto. Rompen con lo establecido en esta ley física. 

Si en una desintegración atómica con neutrinos se liberan dos mesones "K" y a uno se le hace chocar con un obstáculo, rebota y cambia de dirección. Comportamiento que repite de forma idéntica el segundo mesón "K" sin haberle puesto ningún obstáculo, siendo ambos mesones K aparentemente independientes, están en realidad intercomunicados; Lo que hace uno lo repite el otro. 

Los científicos Lee, Yang y Wu dedujeron que tenía que haber otros tipos de leyes, que diera lugar a este fenómeno. Llegaron a la conclusión de que a través de otra dimensión es como se producía la comunicación entre estas dos partículas aparentemente independientes.

Plantearon la hipótesis de los Universos Paralelos. El mesón K se conduce de manera extraña porque es perturbado por las fuerzas de un universo paralelo.

Con estas investigaciones: sobre la materia, los científicos han penetrado ya en el campo de la 4ª dimensión, el universo invisible.

Causa asombro todo este universo subatómico imagen de lo macrocósmico. Todo esto nos incita a una reflexión, pues es mucho lo que queda por descubrir en el campo de la energía atómica. Por último recordemos que el átomo es un trío de materia, energía y conciencia y a la vez un Universo en miniatura, con sus leyes, mecanismos, etc.

J. M. 

 

 

 
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Frases de las cabeceras tomadas de la obra escrita de Samael Aun Weor.