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| « EL JUEGO DE LA PELOTA » |
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Este
es el principio de las antiguas historias del Quiché, donde se
referirá, declarará y manifestará lo claro y
escondido del creador y formador que es padre y madre de todo.
Esta
es la relación de cómo "todo estaba en suspenso, todo en
calma, todo en silencio, todo inmóvil, todo callado y
vacía la extensión del cielo.
Popol Vuh
En
el principio se enfrentaron los contrarios, las fuerzas opuestas,
empezó el juego entre el día y la noche, luz y
oscuridad, entre el calor y el frío, entre la vida y la muerte.
Así los dioses creadores del universo se reunieron en su
primer lugar de creación, el Teotlachtli la cancha de juego de
la pelota divina, para poner el universo en marcha.
Es así como se inició, así como comenzó la
luz, se apartó el cielo de la tierra, comenzó la vida, la
creación. Así comenzó el juego de la pelota,
el símbolo de vida que refleja el movimiento del cosmos,
así se dio el principio al triunfo de la luz sobre las tinieblas.
Para nuestros antepasados todo era un ciclo de la vida y de la muerte,
el día y la noche, y es por eso que el juego de la pelota es
también el cielo que refleja al movimiento del cosmos.
En el pensamiento antiguo la pelota de hule uli, significa a la vez
esférico, el universo redondo, el movimiento, el juego de los
contrarios, la energía circulando en un círculo
perfecto, la cual da vida y energía.
Afirmaban los abuelos que el movimiento tiene una sustancia, una forma
y lo representaron en una pelota de hule encerrada en sí
mismas, era el movimiento constante que nunca se detiene.
Fue conocido como Olim Tonatiuh, sol de movimiento, es la pelota divina que se mueve en todo el firmamento dando vida.
"!Hagase ya! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua
se retire y desocupe! !Que surja la tierra y que se afirme!, así
dijeron, ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra!
¡No habrá gloria ni grandeza en nuestra
creación y formación hasta que exista la criatura
humana, el hombre formado! Así dijeron".
Popol Vuh
El juego de la pelota es anterior a la cultura, mediante el juego, el
hombre se relaciona con lo desconocido, penetra al ámbito
de lo sagrado, a las fuerzas de la naturaleza.
Lo que ocurre con el fabricar, ocurre con el jugar, La cultura brota del juego como llama gigante que envuelve a la naturaleza.
El 5° Sol, la bola de fuego que nace en Teotihuacan
alumbrará y dará vida a esta tierra que necesita
urgentemente un sol que le alumbre, la pelota se manifiesta en el
principio.
Juego y rito se nutren de la repetición cosmogónica, del
juego nace la cultura, la fuerza cósmica surge a la vida.
El juego de Ia pelota es uno de los elementos comunes de todas las
culturas de Mesoamérica, entre los Olmecas, habitantes de Olman,
el país de hule en la región selvática del Golfo
de México, se encuentran las primeras evidencias del juego
de pelota.
A pesar de que sabemos muy poco de los Olmecas, es indiscutible que con
ellos nace la cultura en Mesoamérica. Esta cultura sigue
envuelta en el misterio, pero hay testimonios de que existieron
jugadores de pelota y sacrificios rituales por decapitación.
Esto es una referencia profunda y filosófica, acerca del
trabajo psicológico, la decapitación del ego, del
mí mismo, la medusa, el dragón de 7 cabezas muriendo a
manos del Guerrero Cósmico, del Cristo Cósmico.
Aunque es bien cierto que en el desarrollo de la cultura estas
prácticas cambiaron de sentido y se desfiguraron terriblemente.
Los hallazgos arqueológicos relacionados con el Juego permiten
situar su origen alrededor de 1.200 años antes de nuestra
era, pero el estudio de la antropología gnóstica hace un
estudio más profundo y concluye que este juego, es mucho
más antiguo de lo que se propone, ya que nace con la cultura
misma, con la vida en sí.
Desde Olman es extendió el juego y la cultura a toda
Mesoamérica, expandiendo el profundo conocimiento
cosmogónico de la creación por medio del juego de pelota.
Los Zapotecas eligieron su ciudad en la cúspide de una
montaña y dominaba los Valles Oaxaqueños. Durante la
época clásica de 300 a 900 años d. C., los campos
del juego de la pelota eran patios hundidos con la forma de
“I” latina con taludes o muros inclinados que
permitían a la pelota rebotar dentro del campo.
En los códices o libros indígenas pintados sobre pieles
siempre representaron el símbolo tradicional del juego: una
“I” latina horizontal cruzada transversalmente por dos
líneas que simbolizan los cuatro rumbos del universo y el centro
lo que será la estilización del Olin.
Xochicalco-Morelos. Todas las ciudades importantes de
Mesoamérica tenían por lo menos un Tachtli entre sus
principales edificios.
Al igual que las pirámides, los campos de juego se orientaban con relación a los cuatro puntos cardinales.
En este mundo ritual, el movimiento de los que jugaban tenía un
papel muy importante y definitivo, pues con él se
determinaba muchas veces el inicio del ciclo agrícola y las
actividades ritualísticas, propias del culto maya.
En lugares como Xochicalco existían observatorios
subterráneos donde celebraban anualmente las festividades
cósmicas de los solsticios marcando el movimiento
calendárico de los astros y el movimiento del sol.
Estos anillos podrían haber sido los círculos que
representan al cielo cósmico, la serpiente comiéndose la
cola, la Inmanencia Suprema del Padre Solar.
Umbrales sagrados, fronteras de la luz donde se ponía en juego
la vida y la muerte del sol como regenerador de vida cósmica
universal.
En el disco el Chilcuiltic que era el marcador central del campo,
el jugador estaba rodeado de inscripciones calendáricas que
indicaban una fecha muy importante para el culto mágico maya.
Los mayas respetaban el juego del tiempo y el de la pelota, por lo que desarrollaron un calendario muy preciso.
En Palenque (Chiapas) el universo maya es un conjunto de planos, los 13
superiores integran al cielo o firmamento, el cual está
iluminado por el sol, los 9 planos inferiores o inframundos son
gobernados por los Bolon Quihu, los Señores de la noche, los
Hacedores de Enfermedades que causan la muerte.
Es el Xibalbá, el reino de la oscuridad, el interior de la
tierra donde están Hum Came y Vucub Came, los Señores de
la Muerte.
En el Popol Vuh, el Libro Maya de la Creación, se relata el origen del mundo a través de un Juego de Pelota.
Marcharon entonces los gemelos divinos y fueron descendiendo en
dirección de Xibalbá, bajaron rápidamente los
escalones y pasaron sobre varios ríos y barrancos.
Llegaron a una encrucijada de cuatro caminos y ellos sabían muy
bien cuales eran los caminos del Xibalbá, el camino negro, el
camino blanco, el camino rojo y el camino verde.
"Bueno, muchachos" -les dijeron- "Vamos a jugar a la pelota".
¿Vienen listos para el juego? –Preguntaron a los Señores de la Muerte
"Jugaremos con nuestra pelota -respondieron los muchachos divinos.
"Eso no" -dijeron los de Xibalbá.
"!Ya los vencimos!" -dijo Hum Came a Vucub Came
"Les cortaremos la cabeza como a sus padres y la usaremos como pelota".
Pero en el desarrollo del juego los Señores de las
Tinieblas engañaron a Hun Naphu e Ixbalanque y fue así,
que el juego de la pelota continuó con la dirección de
los muchachos divinos.
Así se desarrolló, continuó el juego entre el bien
y el mal sin que ninguna fuerza decidiera los destinos de la
creación.
La tradición del juego de la pelota se extendió con todas
sus variantes por toda la región Maya, donde se han descubierto
el mayor número de canchas en Mesoamérica.
Durante la época clásica, del año 300 al 900
después de Cristo, las canchas se dividían con marcadores.
En Uxmal, Yucatán. Durante el período Post Clásico
temprano del año 900 al 1250 d. C. florecieron las grandes
capitales Mayas de la península yucateca, Uxmal y Chichén
Itzá.
En Uxmal había anillos empotrados en las paredes verticales con
fechas calendáricas en la líneas divisoria del campo;
contaba también con tres marcadores de piso en el eje
longitudinal semejante al disco de Chilcuilti.
En Chichén Itzá se conserva el campo de juego más
espectacular del México prehispánico de 168 metros de
longitud por 70 metros de anchura.
Estructura dedicada a la deidad cósmica de Kukulkan Quetzalcoatl, imagen del cielo diurno.
La serpiente entrelazada en los anillos simboliza el Ollin, el movimiento.
Con el juego de la pelota se enfrentan los dos equipos contrarios; es
una guerra ritual, el tablero de la vida jugando o perdiendo y el
templo de los jaguares se dedicaba a ella.
Chichén Itzá, Yucatán: en esta ciudad se conserva
todo el complejo arquitectónico asociado al rito del juego
de la pelota.
Al norte de la cancha se levanta el templo rojo, en cuyo techo hay
pinturas que representan ritos de fecundidad de la tierra. El
juego de pelota era el acto propiciatorio para el crecimiento
espiritual y agrícola.
Junto al juego de pelota se encuentra el Temazcali, baño ritual
que purificaba al jugador antes de la ceremonia, alusión
profunda al ritual ceremonial de las aguas puras de vida, que dan vida
en abundancia, todos los mitos y símbolos están asociados
al agua y al fuego.
Aquí se encontraba el cenote sagrado cercano al campo de pelota, donde se han encontrado ofrendas de pelotas de hule.
En la cancha principal de Chichén Itzá hay seis relieves
decorativos, los cuatro de los extremos son los equipos que se
enfrentan, al centro se encontraba la ceremonia culminante bajo
los anillos de la cancha.
Los dos equipos de 7 jugadores se dirigían en
procesión al centro donde el jugador arrodillado era decapitado
y de su cuello salen 7 serpientes símbolo de la sangre y de la
fertilidad de la tierra.
Pero también la Antropología Gnóstica puede
agregar que en antigüedad el cibicunuebti de la decaoutaculib del
ego era una dialéctica propia de esta cultura y por eso siempre
la describían en sus símbolos.
El sacrificador sujeta la cabeza y el nabajón, y siempre
acompañado de la pelota cráneo, a la terrible
decapitación del ego.
En el campo del juego de la pelota la muerte habla, fuera de la cancha
está el Zompantli, plataforma decorada con los
cráneos de los jugadores decapitados.
Teotihuacán, México, fue la metrópolis más
extensa y más poblada de Mesoamérica, su esplendor fue
hacia el año 400 de nuestra era; en Teotihuacán no se ha
encontrado un campo de juego semejante a los tradicionales en forma de
“I” latina.
Se cree que el juego se realizaba en el Micaotli o calzada de los muertos, donde los muertos aprendían a volar.
En Tepantitlán, uno de los palacios descubiertos por los
arqueólogos, está el muro de Tlalocan, el palacio florido
de Tlaloc, lugar mítico de la abundancia y la fertilidad y donde
representaban diversas modalidades del juego de la pelota.
Los moradores de este paraíso movían la pelota con pies y
manos, y muy especialmente con bastones de madera dirigiendo la pelota
hacia marcadores verticales que se encontraban en los extremos,
esculturas de piedras que se remataban con el símbolo del 0llin.
El juego de la pelota rebasó los limites de Mesoamérica extendiéndose hasta Arizona.
Una leyenda indígena explica la caída del Imperio Toltea
y se realizó con un juego de pelota. El juego mítico
entre Uemac, el último Emperador Tolteca y los Tlaloques, Dioses
de las aguas y las lluvias, de las cimas de las montañas,
así el destino de Tula se decidió en el Tachtli, en la
cancha del juego de la pelota.
"Uemac, Señor" -dijo el paje del Emperador- "Allí
están los Chalchiguites, los jades preciosos y las plumas de
Quetzal para el que gane el juego".
Dicen las antiguas tradiciones que el Emperador Tolteca
sentía pasión por los adornos, las plumas preciosas,
los ricos atavíos y particularmente por el juego.
Después
de la época de lluvia, la tierra se cubre de maizales como si
luciera adornos de jade y chalchiguites. Para los Tlaloques, el
maíz era un trofeo más valioso que los mismos jades.
Después de jugar en el campo de la pelota Uemac ganó a los Tlaloques y éstos le llevaron maíz.
Uemac, iracundo, les dice:
"¿Acaso fue esto lo que gané? ¿No fueron los
chalchiguites y los quetzales lo que habíamos apostado?
-preguntó Uemac, despreciando los adornos y regalos de la
tierra que le llevaban los Tlaloques".
"Esta bien" -dijo el Tlaloque - "Has ganado, aquí están los premios, los chalchiguetes y las plumas de quetzal".
Se reunieron en asamblea los Tlaloques y dijeron:
"Por ahora guardaremos los más preciados chalchiguites y con esto padecer hambres y trabajo".
Luego heló, cayó el hielo hasta la rodilla, se perdieron los frutos de la tierra.
Después de la helada siguieron terribles sequías,
sólo hubo calor, todos los árboles, nopales y magueyes se
secaron; todas las piedras se deshicieron; todo se hizo pedazos a causa
del calor por la ambición de Uemac que rechazó la riqueza
del maíz y al hacerlo causó la destrucción de Tula.
En la cancha del juego de Tula se enfrentaron los contrarios, el agua y el fuego; el Ati Tlachtinolli, la guerra.
En el área del Golfo, durante el período clásico
se desarrolló la cultura llamada del Tajín, por ser esta
ciudad la más importante de la región.
En el Tajín se encontraron 7 campos de juego; el principal
está formado por una calle central, plasmando ellos la figura de
Quetzalcoatl, Dios del Viento, proyectada en dos cuerpos, lo cual
simboliza a Venus, estrella matutina y vespertina que muere al
salir el sol.
Destaca un rito dedicado al crecimiento del maguey y donde participan
varias deidades; principalmente Tlaloc, llamado en estas regiones
Tajín.
El maguey es el que produce el pulque, bebida sagrada para los mayas y
el mundo Mesoamericano que permitía a los humanos en
éxtasis con sus Dioses; su patrono era el conejo, símbolo
de la luna, el Tochtli.
Aquí complementa el conjunto con el con el sacrificio del sexo
masculino, que une ritualmente el semen y la sangre como principio de
fertilidad asociado al juego de le pelota.
Tajín significa trueno, Dios que trae la lluvia, fertilizando
los campos como la sangre del sacrificio que alimenta la tierra.
Después que se preparaba el neófito, un sacerdote
disfrazado de águila iniciaba la ceremonia del sacrificio que
culminaba con la decapitación.
Virtud, nobleza y gloria se hallan desde un principio en el
círculo de la competencia, los atributos de poder que van
a desafiar en el campo de la pelota.
Siete serpientes de sangre brotan del cuello de la víctima,
el número siete es el símbolo de la fertilidad del
ordenamiento y del triunfo en toda la cultura mesoamericana.
Varios objetos escultóricos de carácter funerario se
elaboraron con relación al Tlachtli, las hachas son
símbolos con sus cabezas de la decapitación interna del
iniciado, cortada en el campo de la pelota o en el campo de guerra.
Se supone que las palmas son estructuras que se derivan de los
elementos que se portaban sobre el cinturón, probablemente con
el significado fálico.
Los yugos constituían en piedra la expresión del
cinturón, ofrendas solares que acompañaban al jugador en
su viaje al Mixtlán, la región de los muertos.
Dice la leyenda que siendo aún de noche cuando reinaban los
Dioses de la Oscuridad, la luna, la hechicera, la Coyolxauhqui,
acompañada por sus hermanos los Centzon Huitznahua o los
cuatrocientos surianos, expresión antigua para decir
muchísimos, incontables, vienen a sacrificar a su madre.
A la Divina Madre Coatlicue, la tierra, para que no nazca el Sol Huitzilopochtli.
Nace entonces Huitxilopochtli y enfurecido toma su arma, la
Xiticoatl, la Serpiente de Fuego, y los destruye a todos, es decir, la
Luz Interior eliminando lo negativo internamente.
Fue en el Tachtli, el campo de juego donde tomó Huitzilopichtli
a la Coyolxauhqui, la mató, la degolló y le sacó
el corazón. Lo mismo hizo con sus cien hermanos.
La Piedra del Sol representa esta lucha diaria del astro escenificada en el Tachtli.
Dijo Huitzilopochtli a los futuros mexicanos: ..."Ya con esto
entenderéis que este lugar ha de ser México". Y enseguida
se pusieron a trazar el Tlachtli: ese fue el momento de la
fundación de la ciudad de México Tenochtilán.
"Sabréis pues que los bienes de vuestros padres, aquellos
que murieron en Xibalbá, o sea los instrumentos con los que
jugaban, han quedado y están allí colgados en el techo de
la casa, los cueros, los guantes y la pelota.”...
Popol Vuh
Se afirmaba en las tradiciones antiguas que el jugador que moría
en el campo, en el plano astral era recibido en el Mictlan, se le
cortaba la cabeza simbólicamente y era un héroe guerrero.
En el juego de la pelota, se sembraba la semilla de la vida, la
herencia y la sabiduría representado en el juego que
sería transmitido a la siguiente generación.
Era en el juego de la pelota que se muere y se resucita por el fuego y
por el agua y se asciende a los cielos convertido en Sol; en el campo
se elimina lo que se tiene que eliminar y se hace que la
conciencia brille y que el ser Divinal del jugador se manifieste con
plenitud.
En el Popol Vuh, después de la transformación de
Hunahpu e Ixbalanqué en Luz serpiente Emplumada, Ia divina
energía creadora del universo anuncia:
“Ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra y que aparezcan los que nos han de sustentar y nutrir".
La formación del hombre auténtico se lleva a cabo con el
advenimiento de la conciencia, al extraer la luz delas tinieblas,
luchando en el juego de la pelota como un tigre y
arrebatándole el dominio de la fuerza creadora a los
defectos psicológicos de nuestro Xibalbá.
Muchos estudiosos coinciden que el juego de la pelota es el combate
universal de la luz y las tinieblas, la lucha universal que se extiende
al interior del ser humano. Hoy ya no vamos a bajar a Xibalbá a
pelear con los amos de las tinieblas, hoy lo liaremos en nuestro
interior.
Los del Xibalbá, fueron probados por siempre del juego de
la pelota y los muchachos divinos se elevan convertidos en Sol. La
importancia de este juego tiene raíces profundas.
En Mesoamérica todos los sitios arqueológicos
tenían su patio de juego, lugar preferencial de los centros
ceremoniales.
Visto desde arriba, el juego de pelota se asemeja a dos letras T contrapuestas.
La T identifica a la Tau de los griegos antiguos y los pueblos europeos de la Edad Media.
La T es símbolo IK de los días del Tzolkin, calendario
ritual de los mayas, es el signo de fecundación y
germinación, principio creador, Espíritu Divino, la
fuerza vital, el semen divino.
El sentido iniciático del juego de la pelota es el despertar de
la conciencia a través de la eliminación de los defectos
y la conquista de la energía creadora.
El IK o T, simbolismo del campo de la pelota es semejante a una cruz;
comprende un principio horizontal y otro vertical en instantes de
entrar en contacto; esta unión de activo y pasivo es coherente a
las implicaciones sexuales y de fertilidad del signo IK.
En el texto quiché del Popol Vuh, la pelota del juego es
designada por las palabras quic y cha. Quic es pelota de hule,
también significa sangre, savia o semen, y su sentido
esotérico de fuerza vital podría ser energía que
da vida, la creación misma.
Con la palabra Cha se designa la pelota también y se liga
directamente con la brillante piedra de Xibalbá, piedra sagrada
guardada en el templo llamado Tzutuhá o agua o fuente florida.
Todo humano debe alguna vez en su vida convertirse en un
guerrero-jugador y participar en el juego de la pelota, realizar su
lucha interior psicológica y sexual, enfrentarse a sus defectos
psicológicos en el infierno de las propias pasiones y
triunfar mediante el dominio y la transmutación de la
energía creadora.
El reconocimiento de la universalidad de esa fuerza y su
consideración como factor de cambio y trascendencia en el hombre
dio lugar al culto sexual que se observa en muchos monumentos
mayas.
Debemos despertar nuestra conciencia del adormecimiento en que se
encuentra, juguemos una vez más en el patio de la pelota y
luchemos por vencer a las tinieblas y a sus representantes.
Terminamos diciendo: la formación del hombre auténtico se
lleva a cabo con el advenimiento de la conciencia, al extraer la
luz de las tinieblas.
R.S.
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