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« LOS GRANDES PATRIARCAS »
La palabra “Patriarca” viene del griego “Patriarjes” compuesta por dos términos: “Patria” (descendencia, familia) y “Árjo” (mandar). 

En el Antiguo Testamento bíblico, se daba el calificativo de “Patriarca” a aquellos personajes que habían sido cabeza de numerosas y dilatadas familias pero era también un título que se daba los obispos de algunas iglesias por lo que se encuentran términos en muchos textos refiriéndose a la “Iglesia del Patriarca”.

Los Patriarcas ejercían su autoridad y gobierno con sencillez y benevolencia, siendo los depositarios de la “Promesa” y los garantes de la Gracia de la Alianza de Dios con los hombres.

En las sagradas escrituras se dice que, desde el comienzo, el Creador manifestó su amor y benevolencia por los hombres pero que llegó un momento en que la maldad del hombre fue tan grande que el corazón del Creador se entristeció hasta el punto de arrepentirse de haberlo creado. Es aquí donde interviene la figura del Patriarca, un hombre justo con quien Dios hace una promesa, realiza una Alianza permitiendo así la continuación del género humano.

A través de los tiempos, los pueblos han ido rompiendo muchas veces esta Alianza, pero Dios, con su misericordia infinita y eterna, siempre los perdona volviendo a surgir un nuevo pacto. Al respecto se pueden encontrar alusiones a este tema en el Antiguo Testamento:

He aquí que vienen días, dice Jehová, en que yo concluiré con la casa de Israel y la casa de Judá una nueva Alianza. No como la Alianza que hice con sus Padres cuando los tomé de la mano y los saqué del país de Egipto; Alianza que ellos violaron y por lo cual yo los rechacé. Esta es la Alianza que haré con la casa de Israel después de aquellos días: Pondré mi Ley en su interior, en su corazón la escribiré y seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.

Pero el tema de la Alianza trasciende más allá del Antiguo Testamento y se ve plasmada igualmente en el Nuevo Testamento. Todo aquel que se dedique al estudio minucioso de la Biblia se sentirá sorprendido por el papel que desempeña la Alianza en el que predomina siempre la elección de un pueblo elegido por Dios para que le pertenezca y se convierta en su testigo. De aquí que aparezca, repetidamente, sobre todo en los textos de Jeremías y Ezequiel, las palabras: “Fórmula de pertenencia”: “Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi Pueblo” (Ezequiel 14, 11).

Alianza

La palabra “Alianza” viene del hebreo “Berīt”; apareciendo, incluso en algunos textos de la comunidad esenia, como en el “Escrito de Damasco”. También en algunos escritos apócrifos del Nuevo Testamento se habla de “Berīt” (Alianza) diciendo que cada cierto tiempo Dios renueva su Alianza con los hombres.

Cuando el judaísmo se implantó en el mundo helenístico y se procedió a traducir la Biblia, la palabra “Berīt” planteó un problema de difícil traducción, sin embargo, los traductores adoptaron, en casi todos los casos, el término "diatheke" para definir lo que era la Alianza.

Se puede observar cómo este término ("diatheke") aparece incluso en el Nuevo Testamento en textos como: La epístola a los hebreos (en 21 ocasiones), en la "Vocación apostólica" de Pablo de Tarso, en los Evangelios de Marcos y Mateo cuando se habla de la Eucaristía, en la carta de Pablo a los Corintios, en el Evangelio de San Lucas...

El sentido que tenía la palabra “Berīt” era que, por medio de la Alianza, los pactantes venían a ser una misma familia, produciéndose una unión semejante a la que existe entre los que tienen un mismo vínculo de sangre.

Otro hecho singular es que esta promesa y bendición se iba transmitiendo a los hombres por generación, es decir, por la misma transmisión de la vida. Así podemos observar que la historia bíblica es una cadena de generaciones que heredaban la Bendición Divina y que conservaban y transmitían a sus descendientes, por eso cuando aparece en la Biblia el término "engendrar", no sólo representa la continuidad de la vida humana sino que, ante todo, significa la transmisión de esta Alianza o Bendición Divina. Lo importante en el término "engendrar" es que el ser humano pueda participar de la Alianza o Promesa de Dios. Es a partir de la "caída" por el Pecado Original cuando Dios reserva, de generación en generación, una serie de hombres justos.

Los sumerios distinguían dos periodos en la historia primitiva: el anterior al Diluvio y el posterior. Se en-cuentran, incluso dentro de la tradición mesopotámica, listas de reyes antediluvianos y postdiluvianos y textos en los que se habla de una restauración de la realeza que "baja del Cielo".

Dentro del Génesis también se habla de dos periodos: el primero que se extiende desde la creación inicial de la raza humana por Dios, hasta el cataclismo del Diluvio; y el segundo desde la terminación del Diluvio, hasta la aparición de Abraham.

Patriarcas Antediluvianos

Abarcan una serie de personajes con nombre hebraico que van desde Adán (creado directamente por Dios), hasta el advenimiento del Diluvio.

Los estudiosos del tema no terminan de ponerse de acuerdo con las listas genealógicas que existen dentro de este periodo. 
Existe gran confusión debido a que los nombres que aparecen en algunas listas son muy similares, haciendo suponer que se trata de los mismos personajes.

Usualmente se conocen dos listas genealógicas.
La primera es conocida como "Lista de tradición sacerdotal" y se relaciona en el siguiente orden:
1. Adán  6. Yared
2. Set   7. Henoc
3. Enós  8. Metusělah
4. Cainán 9. Lamec
5. Malaleel10. Noé


La segunda lista genealógica utilizada cambia sustancialmente y queda de la siguiente forma:

1. Adán  6. Metusăel
2. Caín  7. Lamec
3. Henoc    8. Yabel (hijo de Lamec)
4. Irad  9. Yubal (hijo de Lamec)
5. Mehuyael10. Tubalcain (hijo de Lamec con otra mujer)


Actualmente existen controversias con Henoc, el cual aparece en ambas listas. Se piensa que Henoc, como hijo de Caín, no puede ser el Henoc descendiente de Set (tercer hijo de Adán, el cual sustituyó a Abel tras ser asesinado por Caín). El mismo caso ocurre con Lamec, que no puede ser el mismo en ambas listas.

Comparando las dos listas se observa que, juntas, parece que hablaran del "Bien y del Mal", ya que unos descienden del sanguinario Caín y otros del piadoso Set. Esta parece ser la opinión dominante entre los expertos.

También se habla de unas listas parecidas que circulaban en Babilonia, en las que aparecían los 8 reyes que ejercieron su mandato desde los orígenes divinos de la realeza hasta el advenimiento del Diluvio. En el documento conocido como “W.B. 444” se citan a estos reyes y se dice que el último de la serie fue Ubara-Dudu de Suruppak, padre de Um-Napistim (héroe del Diluvio según la epopeya de Gilgameš), personaje equivalente al Noé bíblico.

Sin embargo, el documento “W.B. 62” hay una lista de 10 reyes que reinaron durante un periodo de 456.000 años, siendo el último reinado el de Zi-U-Sud-Du (héroe del Diluvio según el texto de Nippur). Existiendo otro texto que menciona también 10 reyes, habiendo reinado durante 432.000 años y cuyo último rey fue Xisutros (identificado con Zi-U-Sud-Du).

El V.M. Samael aclara todo este tema en sus libros, explicando que esta época Patriarcal fue la llamada “Edad del Bronce” o “Dvápara-Yuga. En esta época existieron 10 sublimes Patriarcas antediluvianos, cuyos nombres son:

1. Adam 6. Jared
2. Set   7. Henoch
3. Enós   8. Matusalem
4. Cainán 9. Lamec
5. Malalel10. Noé


Además, el V.M. Samael, nos dice que el séptimo Patriarca (Henoch) es, fuera de toda suposición, totalmente diferente a los otros nueve.

Dentro de la Ciencia oficial existen muchas confusiones cuando se estudian los años de vida de los Patriarcas y de sus hijos, exponiendo que la longevidad de éstos está en contradicción con las teorías paleontológicas y, por todo esto, desechan la Biblia por considerarla incongruente en cuanto a los periodos de tiempo transcurridos entre Adán y el Diluvio. Es lógica la confusión cuando se manejan estas cifras sin tener en cuenta que encierran un simbolismo, sólo explicable con el estudio y aplicación del Tarot y la Kábala. La Biblia sólo puede entenderse a la luz del esoterismo.

Periodo Postdiluviano

La etapa antediluviana termina con el Patriarca Noé, considerado el padre y progenitor de la nueva Humanidad, después del Diluvio Universal. Según la tradición semita, Noé, por medio de sus tres hijos, Sem, Cam y Jafet, estableció el tronco común de toda la Humanidad actual.

Los hijos de Noé, así como sus descendientes, se distribuyeron por los diversos territorios y determinándose previamente su “suerte” por las palabras de bendición o maldición que pronunciara el Patriarca Noé.
Noé maldijo a Cam, para Jafet aseguró una serie de bienes y reservó para Sem el privilegio de poder conocer al verdadero Dios y de ser él y su estirpe el Pueblo Predilecto.

La bendición de Noé a Sem se transmitió de padres a hijos, iniciándose así la lista de los Patriarcas postdi-luvianos, comenzando por Sem y finalizando con Teraj, padre de Abraham.

Dentro del texto hebreo se habla de 9 Patriarcas dentro de este periodo, pero en el texto de ”los Setenta” son 10 Patriarcas ya que se añade a la lista anterior al Patriarca Cainán que figura en varios manuscritos tal y como aparece en la genealogía de Sem, en el libro de los Jubileos. Sin embargo, en el árbol genealógico de Jesús dado por San Lucas, Cainán entra en la genealogía de Set.

La lista de Patriarcas postdiluvianos quedaría así:

1. Sem 6. Peleg
2. Arfasad 7. Reu
3. Cainán 8. Sarug
4. Selaj 9. Najor
5. Heber10. Teraj


No todas las genealogías que se encuentran en la Biblia están presentadas de la misma forma, normalmente se distinguen tres tipos:

1) La simple lista genealógica.

2) La genealogía ramificada: La enumeración parte de un tronco y se va extendiendo, pero no en una sola línea de descendencia sino que se va ramificando a partir del tronco.

3) La genealogía título: Se utilizan para contar la historia primitiva de un personaje (Patriarca, Profeta, etc.).

A partir de Teraj, padre de Abraham, las dos listas más conocidas incorporadas en el Nuevo Testamento, son las de Mateo y la de Lucas. La primera comienza con Abraham hasta llegar al mismo Jesús el Cristo y la segunda se inicia desde el primer hombre, Adán, hasta llegar a Jesús.

Genealogía de Mateo (Mt. 1,1-17):
(“Õ” indica: “Engendró a...”)

Abraham Õ Isaac Õ Jacob Õ Judá y sus hermanos Õ Fares y Zara Õ Esrom Õ Aram Õ Aminadab Õ Naasón Õ Salmón Õ Booz Õ Obed Õ Isaí Õ Rey David Õ Salomón Õ Roboam Õ Abías Õ Asa Õ Josafat Õ Joram Õ Uzías Õ Jotam Õ Acaz Õ Ezequías Õ Manasés Õ Amón Õ Josías Õ Jeconías y sus hermanos Õ Salatiel Õ Zorobabel Õ Abiud Õ Eliaquim Õ Azor Õ Sadoc Õ Aquim Õ Eliud Õ Eleazar Õ Matán Õ Jacob Õ José (esposo de María) Õ Jesús (el Cristo).

Genealogía de Lucas (Lc. 3,23-38)
(“Õ” indica: “Engendró a...”):

Adán Õ Set Õ Enós Õ Cainán Õ Mahalaleel Õ Jared Õ Enoc Õ Matusalén Õ Lamec Õ Noé Õ Sem Õ Arfaxad Õ Cainán Õ Sala Õ Heber Õ Peleg Õ Ragau Õ Serug Õ Nacor Õ Taré Õ Abraham Õ Isaac Õ Jacob Õ Judá Õ Fares Õ Esrom Õ Aram Õ Aminadab Õ Naasón Õ Salmón Õ Booz Õ Obed Õ Isaí Õ David Õ Natán Õ Matata Õ Mainán Õ Melea Õ Eliaquim Õ Jonán Õ José Õ Judá Õ Simeón Õ Leví Õ Matat Õ Jorim Õ Eliezer Õ Josué Õ Er Õ Elmodam Õ Cosam Õ Adí Õ Melquí Õ Neri Õ Salatiel Õ Zorobabel Õ Resa Õ Joana Õ Judá Õ José Õ Semei Õ Matatías Õ Maat Õ Esli Õ Nahum Õ Amós Õ Matatías Õ José Õ Jana Õ Melqui Õ Leví Õ Matat Õ Elí Õ José Õ Jesús.

Observando estas listas, vemos que todos los grandes Patriarcas del pasado (Noé, Abraham, Jacob, etc.), incluido Jesús el Cristo, proceden del mismo árbol genealógico. Cabe destacar también cómo en la genealogía de Jesús están el Rey David y Salomón como sus antepasados.

Alianzas humanas

A lo largo de la Historia de la Humanidad siempre han existido Alianzas o Pactos y éstos se han reflejado en las Sagradas Escrituras. Estas Alianzas siempre van acom-pañadas de una serie de ritos altamente significativos.

Existen cuatro tipos de ritos empleados en las Alianzas que son los más usuales en la Biblia:

Primer tipo de rito:

Juramento: Los pactantes se obligaban, bajo juramento a cumplir lo pactado. (Ezequiel 17,18)

Estrechamiento de manos: A continuación se estrechaban las manos para dar mayor fuerza al pacto. (2º libro Reyes 10,15).

Intercambio de dones. En el primer libro de Samuel (1 S.18, 4) Jonatan entrega su manto, espada, arco y cinturón a David, estableciendo con él un pacto.

Segundo tipo de rito:

Consistía en el sacrificio de un animal, se despedazaba y se pasaba por en medio de los trozos, asumiendo así la maldición de ser partido en dos en caso de incumplimiento o infidelidad al pacto.

En unos de los pasajes bíblicos se dice: “...Y aquellos que han quebrantado un pacto, que no han observado los términos de la Alianza concluida por ellos en mi presencia, los voy a dejar como el novillo que cortaron en dos, y por entre cuyas dos mitades pasaron

Tercer tipo de rito:

Es el llamado rito de la sangre, representando ésta a la sede de la vida.
En este rito se sacrificaban animales y se les extraía la sangre, depositándola en un recipiente que se colocaba en el altar. A continuación se rociaba con esta sangre a los pactantes, simbolizando la unidad total que debía haber entre éstos. A veces el pacto no era sólo entre dos personas sino que participaba todo un pueblo al que se rociaba con dicha sangre. (Éxodo 24, 3-8).

Cuarto tipo de rito:

El rito más frecuente era el llamado “banquete sacrificial”, consistente en establecer una relación fraternal, o de unidad, entre los comensales de un banquete o comida, en la que a veces también se compartía la sal, dando este elemento una nota de perennidad a la Alianza. Se consideraba una horrenda traición la de aquel que quebrantaba la Alianza habiendo participado en este rito (Génesis 26, 28-30 y 31,46).
En un salmo de la Biblia se dice: “Hasta mi amigo, en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar”.

Alianzas divinas

Este tipo de Alianzas no aparece sólo en la Biblia sino que lo podemos encontrar en textos sumerios, donde se narra que Kariba’ ilu Watar, hacia el año 700 a. C., renovó la Alianza con el Dios de su pueblo.
Siempre que se realiza una Alianza Divina o pacto con la Divinidad, conlleva una serie de compromisos, destacando entre ellos: El amor a Dios sobre todas las cosas (Éxodo 23,24) y respetar la voluntad de Dios (Éxodo 19,17). Por su parte, el pactante con Dios recibe la prosperidad en su vida como beneficio si es fiel al pacto o en caso contrario la maldición de Dios (Éxodo 23, Deuteronomio 28, Levítico 26).

En las Alianzas Divinas también se realizaban una serie de ritos entre los que destacaba el de “la entrega de dones”. El don representa el deseo de unas relaciones cordiales y es un medio que une al donante con el agasajado, siempre y cuando el don no se convierta en soborno o mera ostentación.

Entre los dones más usuales que los pueblos antiguos ofrecían a los Dioses se encuentran: vestidos, alhajas, armas, ungüentos, vajillas, destacando sobre todo alimentos (estos alimentos se cocinaban al fuego, sirviendo el humo como cauce o vehículo para que éstos llegaran a Dios).

Otras veces, los dones, eran arrojados al mar o a los ríos, sirviendo en este caso el agua como elemento a través del cual el regalo llegaba a Dios.

Era frecuente también en algunos pueblos antiguos el reservar, en la mesa del banquete, un puesto a la Divinidad.

Principales Alianzas Divinas

La historia bíblica narra Alianzas Divinas desde el comienzo de los tiempos. Son muchas las descritas en la Biblia. Haciendo un recuento muy esquemático se pueden citar, en orden cronológico, las siguientes:

Noé:

Era un hombre justo y sabio (en hebreo: “Saddiq” y “Tamim”) y siempre estuvo al lado de Dios. Noé, llamado “Manú Vaivasbata” por el V.M. Samael, también es conocido en la Biblia con el nombre de “Noah” que quiere decir “consolador” ya que fue él quien consoló y dio nuevas esperanzas al pueblo tras la maldición de Dios. 

En aquellas épocas del Diluvio Universal no pereció bajo las aguas como los demás hombres ya que trabajó con el arcano A.Z.F. y por ello encontró la Gracia ante los ojos de Dios.

El Señor Jehová estableció con Noé una Alianza donde se comprometía a no volver a castigar la Tierra de ese modo, con el Diluvio Universal, y como señal de ese pacto pondría un arco que abrazara tierra y cielo como recuerdo perenne de esa promesa:

He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros... Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros... Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra” (Génesis 9, 8-17).

Abraham:

Después de Noé, la historia de los hombres prosiguió su curso, olvidando y traicionando la Alianza, llegando a su máximo de soberbia en Babel y su famosa torre. Tras la dispersión originada allí, Dios con su infinita benevolencia volvió a compadecerse de los hombres y llamó a un hombre justo, cuyo nombre era Abram, el que, a partir del momento en que le concedió la Alianza maravillosa, pasó a llamarse Abraham (“Padre de muchas gentes”). De esa forma Abraham pasó a ser el depositario de las Promesas.

Le dijo Jehová a Abraham: Yo soy el Dios Todopoderoso, anda delante de mí y sé perfecto, y pondré mi pacto entre mí y ti y te multiplicaré en gran manera... Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti”. (Génesis 17, 1-2). 

Moisés:

Más tarde en el tiempo, tras el éxodo de Egipto, tendrá lugar una nueva Alianza de Dios con Moisés que se celebró solemnemente en el monte Sinaí (Éxodo 24).

En el discurso de despedida, que constituye el libro del Deuteronomio, Moisés exhorta al pueblo para que permanezca fiel a la Alianza.

Y el os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra, los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra.

A mí también me mandó Jehová en aquel tiempo que os enseñase los estatutos y juicios, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis a tomar posesión de ella
” (Deuteronomio 4,13-14).

Después prosiguieron renovándose las Alianzas Divinas con una serie de personajes como Josué, que renueva la Alianza en Egipto o el Rey David, que tras su pacto con los Ancianos de Israel recibe la promesa de una nueva Alianza con Dios y más tarde su hijo Salomón, que queda conectado con la Alianza hecha por su padre. Siguiendo el orden cronológico y simplificando mucho se llega hasta Jesús.

Jesucristo:

Jesús establece una Nueva Alianza la cual fue anunciada con antelación por Jeremías (Jer. 31,31).

Los judíos se quedaron aferrados a la Alianza de Moisés, no supieron ver que esta Alianza de Jesús era de tipo superior y que quedaba instaurada hasta el fin de los tiempos. Las demás Alianzas hasta entonces realizadas no eran más que la figura y sombra de la que realizó el Cristo.

Como en las Alianzas anteriores, en ésta también se realizaron ritos como:

- El banquete sacrificial: o cena pascual, en la que participaron solamente Jesús y sus Apóstoles y se celebró en Jerusalén porque la prescripción ritual decía que el cordero pascual debía comerse sólo en Jerusalén. Fue en este rito donde Jesús instituyó la “Eucaristía” resultando ser ésta el verdadero banquete sacrificial.

- La entrega de dones: rito realizado durante la cena pascual cuando Jesús entrega su sangre y su carne.

- El holocausto: siendo aquí la víctima a sacrificar o el cordero pascual el mismo Jesucristo. Él es la víctima propicia a quien su Padre entrega por amor a los hombres. Pablo de Tarso en la carta a los romanos dice: “El que no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8,32).

- Pacto de sangre: Es el único banquete sacrificial donde se come y se bebe la sangre de la víctima.

Después de todo esto, para dar mayor fuerza y poder a esta Alianza, Dios entrega a su hijo a la propia muerte, convirtiéndose la entrega de dones en un “don total”, ya que la víctima ofrece su propia vida en holocausto completo a Dios.

De esta forma queda firmada la Nueva Alianza por lo que Pablo de Tarso escribió:

Las promesas que fueron hechas a Abraham, se cumplieron en Cristo

Jesús cargó sobre sí las miserias humanas y, derramando su sangre, realizó en sí la Nueva Alianza que reuniría al Resto de Israel y a todas las naciones (Isaías 53).

Jesús vino a representar el perfecto mediador, el supremo conciliador entre el hombre y la divinidad. 


M. P. (España)

 

 

 
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Frases de las cabeceras tomadas de la obra escrita de Samael Aun Weor.